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¿Te apuntas a una reunión Tapersex?

¿Un plan de chicas? Reunión Tapersex para despertar el deseo sexual y romper la monotonía en la pareja. 

artículo sobre las reuniones Tapersex para alimentar el deseo sexual
 
A la sexóloga Eva Moreno la convertí en uno de los personajes de mi novela Alas negras y chocolate amargo, en la que una de las protagonistas, Fani, se emplea como asesora de Tapersex. Eva es la creadora de este concepto de venta de artículos eróticos, y ahora se dedica también a la terapia sexológica. La puedes ver asesorando a la cantante Mónica Naranjo en el programa Mónica y el sexo (en Cuatro), y acaba de publicar el manual Mi deseo depende de mí. Claves para estimular el deseo sexual

Después de asistir a unas cuantas reuniones Tapersex, colaboré con Eva Moreno en un par de libros, y este es el artículo que escribí para la revista Mujer 21

Juguetes eróticos a domicilio 

Por tabú, miedo, pudor o falta de interés son pocas las mujeres que se atreven a cruzar el umbral de una sex shop. Cuando Eva Moreno abrió su tienda, Tapersex Boutique, sabía que se encontraría con esa resistencia femenina, así que puso en marcha una fórmula de venta con la que romper los prejuicios de manera lúdica, didáctica y relajada. El Tapersex consiste en montar una reunión en casa con un grupo de amigos para conocer los tipos de productos que suelen encontrarse en el mercado del sexo, como hacían nuestras madres con los envases de plástico o con la cosmética. Antes de acudir al domicilio, preparan todo lo que han de llevar, seleccionan los productos pensando en las personas que asistirán a la reunión, y ponen las pilas a todos los juguetes. 

Marina ha montado una reunión con amigas. Algunas de ellas tienen pareja, otras no. Pero quien lo desee puede organizar una mixta, de personas con similar o diferentes edades. Desde el principio se intenta que el ambiente sea distendido, de recreo, ya que la mayoría de la gente que va a un Tapersex no suele estar muy familiarizada con este tipo de productos. En general, las mujeres tienen mucha necesidad de hablar de su sexualidad y de resolver dudas. 

Eva aparece con un maletín, lo abre y coloca sobre una mesa todo lo que ha seleccionado para la ocasión: «Es importante el trato directo. Muchos de estos juguetes no llevan instrucciones, y es primordial saber de qué están hechos, como se usan y conocer su cuidado y mantenimiento». Nos advierte que somos nosotras y nuestras parejas quienes decidiremos con qué frecuencia jugaremos con aquello que adquiramos, que nunca hay que forzar nada. 

Cosmética erótica 

«Comenzaremos con unos productos muy divertidos. Que tienen gusto, que tienen olor y de texturas muy agradables». Con estas palabras muestra los lubricantes, fabricados para que todo resbale con más suavidad, de lo contrario hay dolor, y con dolor no hay placer. ¿Cuándo nos puede doler? Con determinadas posturas, con el juego manual, el anal y al utilizar algunos juguetes. La vagina se lubrica de manera natural, pero no sucede lo mismo en otros rincones de nuestros cuerpos. 

Los lubricantes no manchan y no es necesario utilizar mucha cantidad. Algunos tienen aroma y gusto, para poderlos lamer. Se trata de despertar los cinco sentidos y de ampliar las zonas erógenas, en lugar de limitarlas a los genitales. Los que tienen base de kiwi son ideales para las mujeres que padecen infecciones vaginales con frecuencia. 

Con los aceites de masaje nos relajamos tras una jornada estresante para iniciar el juego sexual transmitiendo la energía que tiene nuestras manos. Una de las invitadas se inclina por la botella que huele a jazmín. «¿Y si padeces alguna alergia?», pregunta otra chica. «En ese caso es mejor utilizar un producto sin aroma ni sabor», responde Eva. 

Otra de las cremas causa un efecto de calor. Sube la temperatura del cuerpo de las que somos más frioleras y nos resistimos a retirar las sábanas en invierno. Pueden saber a vainilla o chocolate, ¡y no engordan! 

A continuación, Eva toma un bote en sus manos. Lo abre y nos muestra su interior: son los polvos mágicos, que se aplican con una suave brocha sobre la piel de la pareja. Y después, ¿qué mejor forma de retirarlos que las caricias de la lengua? Porque, como no podía ser de otro modo, también este producto tiene sabor. Y en la misma línea, tenemos una crema de chocolate acompañada de pincel para escribirte «Cómeme toda» o «Sigue la flecha». 

Si no sabes qué llevarte siempre puedes optar por el kit con un poco de lubricante, aceite, polvos y crema. 

¿Y tú qué sabes del clítoris? 

Eva coge un libro y se pone seria: «Bien, vamos a decirlo sin rodeos: clítoris. Siempre traigo conmigo una ilustración por si alguien necesita que le indique dónde se encuentra y cómo es». No sería la primera vez. En una reunión tuvo que explicárselo a una mujer que ya había cumplido los 40 años. 

«Desde que las mujeres se interesan por el mercado del sexo, los productos eróticos se han reducido de tamaño y ofrecen una imagen menos fálica». Nos enseña desde un dedal que vibra hasta las famosas mariposas, que puedes colocártelas como si fuera un tanga. Las hay de diversas formas y texturas. 

Alza una de ellas y nos explica su funcionamiento: «Esta mariposa queda perfectamente encajada en nuestra vagina con esta pequeña protuberancia, permite la estimulación del clítoris y algo de la zona anal. Y esto que tengo en mi mano sirve para ponerlo en marcha por control remoto, para que se lo entreguéis a quien deseéis. En fin, ya sabéis qué obsesión tienen los hombres con el mando a distancia». 

Otro de los vibradores parece un lápiz de labios que pasaría desapercibido en cualquier bolso, por si necesitas darte algún retoque en los servicios. Susana, que rompió con su pareja hace más de un año, había entrado en una sex shop hace algún tiempo: «Fui con mi ex, y la verdad es que me asusté un poco. Me pareció que todo era para él y que no se fabricaba nada para mí. Ahora que veo todo esto estoy alucinando. Me lo llevaría todo, parece el maletín de los Reyes Magos». Eva afirma que en muchos establecimientos de este tipo la oferta para el placer de la mujer es algo escasa. 

Para ejercitar la vagina 

Entre los productos que podemos introducir en nuestra cavidad vaginal, las bolas chinas triunfan por su discreción (puedes salir de paseo con ellas sin que nadie se entere) y alto valor terapéutico. «Tengo una entrevista de trabajo y estoy nerviosa. Me pongo las bolas y así voy más relajada», entre risas Eva explica que las bolas chinas nos permiten fortalecer el músculo pélvico y prevenir la incontinencia urinaria que padecen algunas mujeres tras los partos y que esos ejercicios mejorarán nuestra relación con la pareja durante el coito

Carmen ya está decidida a llevarse unas. Está embarazada y quiere recuperarse pronto después de dar a luz. Además, su hermana, que ya las ha probado, le ha confesado que disfruta mucho más cuando practica sexo con su novio. 

«Estas son muy buenas para iniciarse», explica Eva. Se trata de un par de bolas de color rosa unidas por un pequeño cordel que suenan al moverlas, como si fueran cascabeles. «Os aseguro que cuando las llevéis puestas nadie las oirá. Si al principio no os atrevéis a introduciros las dos, podéis cortar una y utilizarla hasta que os familiaricéis y adquiráis otras». 

Después de las bolas chinas, nos muestra varios tipos de dildos (ahora se rehúye el término “consolador”, por su connotación triste y negativa). Alguno muy pequeño, con forma de conejito, otro de delfín, los hay para estimular el clítoris mientras que la rugosidad del material estimula también las paredes de nuestra vagina. 

«¿Tú has probado todo esto?», pregunta Alicia sin tapujos. «Por supuesto», responde la propietaria de Tapersex Boutique. «No podría explicar sus efectos si no los hubiera utilizado antes». Alicia coge un dildo con una apariencia muy real, parece un pene auténtico con sus testículos. Por si fuera poco, se adapta a la temperatura corporal. 

descarga aquí el ebook Mi deseo depende de mí de la sexóloga Eva Moreno

¿Un tabú?: el sexo anal 

Hasta el momento, las chicas no han parado de reír y lanzar comentarios divertidos sobre aquello que se llevarán puesto al trabajo o la cara de asombro que pondrá su pareja cuando enseñen lo que han comprado. Pero hay que hablar de sexo anal, y se hace el silencio. 

«El sexo anal forma parte de las fantasías de muchas personas, pero es un tema tabú. Existe miedo al dolor y los hombres lo asocian a la homosexualidad. Insisto, de nuevo, en que no hay que forzarse a practicar algo que no nos excita. Pero he traído algunos juguetes para quien quiera iniciarse». Son unas pequeñas cuentas unidas unas a otras. Puedes insertar la cantidad que quieras, siempre con el lubricante adecuado. También nos muestra un dildo de reducido tamaño capaz de estimular las terminaciones nerviosas de la zona. Es liso y con una base ancha, para que no se pierda dentro, ya que, al contrario de lo que sucede con nuestra vagina, el ano no es una cavidad cerrada. 

Para jugar con la pareja 

Hay que decidirse. Algunas chicas se llevan esposas, aceites, cremas, preservativos de sabores, casi todas están dispuestas a probar las bolas chinas. Carmen se ha enamorado de un conjunto de lencería rosa transparente y asegura que montará otro Tapersex mixto, con las parejas, para que ellos pierdan el miedo: «Cuando le dije a mi marido que iba a venir, se sintió incómodo, me preguntó si no me bastaba con él. Creo que mi pareja necesita comprobar que no intento sustituirle por un juguete sexual». Sin embargo, cuando algunas asistentes a los Tapersex regresan a casa con una crema y poco más, los hombres se sienten decepcionados. En el fondo, esperaban el juguete. 

Marina ha cogido el kit con varios productos de cosmética erótica, unas bolas chinas, un vibrador que se colocaría su novio para estimular el clítoris mientras practican el coito, y quiere pasar por la tienda para ver los juegos de mesa para parejas: «Nos gusta imaginar que somos el profesor y la alumna, o el médico y la paciente. A veces me ata a la cama, otras le ato yo a él, o nos vendamos los ojos. ¿Por qué vamos a dejar de jugar con la pareja cuando somos mayores?» 

No hay que permitir que llegue la monotonía, ni dejar de estimular la imaginación. 

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