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Tener sexo con inteligencia

Todos podemos tener sexo. Pero solo algunos disfrutan de una vida sexual plena y feliz. Esta es la entrevista que me hizo Eva Caballero para la revista Salud Total.

entrevista Tener sexo con inteligencia publicada en la revista Salud Total

¿No tienes polvos de película? 

Vivimos sometidos a una continua avalancha de información sobre sexo que no siempre es real ni fiable. ¿Somos felices con nuestro sexo? ¿Qué falla? ¿Por qué alguna noche nos acostamos con alguien que realmente no nos gusta? ¿A qué le tenemos miedo?

Sonsoles Fuentes responde a estas preguntas y analiza el concepto de inteligencia sexual, algo con lo que la autora asegura que no se nace, sino que se alimenta si nos hacemos responsables de ello.

Su último libro, Inteligencia sexual, no es uno más entre tantos que se han publicado sobre sexualidad. Se trata, tal como ella misma cuenta, de un ensayo psicológico y sociológico sobre la sexualidad humana, «pero es un libro de lectura sencilla, en el que intento huir de tecnicismos para que sea lo más divulgativo posible. No es un manual sobre posturas y prácticas sexuales, sino una invitación a la reflexión, para que cada cual pueda conectar consigo mismo y averiguar qué modelo de sexualidad le haría más feliz», subraya.

¿Por qué se especializó en este tema?

Creo que fue culpa del colegio religioso en el que estudié educación básica y de sus “clases de pureza”. En lugar de informarnos sobre sexualidad la convirtieron en un misterio y un peligro. Ponle eso por delante a una persona con el alma aventurera que yo tenía y ya está: a explorar se ha dicho. Y en la edad adulta, me cansé de escuchar y leer tópicos sobre la sexualidad femenina con los que no me identificaba. Tenía que averiguar si era rarita.

¿Qué diferencia su libro al resto de libros que se han escrito sobre sexualidad?

Se trata de un ensayo psicológico y sociológico sobre la sexualidad humana, pero es un libro de lectura sencilla, en el que intento huir de tecnicismos para que sea lo más divulgativo posible. No es un manual sobre posturas y prácticas sexuales, sino una invitación a la reflexión, para que cada cual pueda conectar consigo mismo y averiguar qué modelo de sexualidad le haría más feliz.

¿A quién recomienda su libro y por qué?

Está pensado para todas las edades. Creo que la sexualidad debería interesarnos a todos, porque no es tan necesaria para vivir como dormir o comer, pero nos hace felices y nos aporta muchos beneficios para la salud, siempre que se disfrute de ella de manera sana: el sexo es un ejercicio cardiovascular que reduce el colesterol y oxigena el tejido y los órganos vitales, refuerza nuestro sistema inmunológico y eleva nuestra autoestima al sentir que gustamos, por citar algunas de sus recompensas. Hace poco, cuando le dije a un médico de familia que iba a publicar este libro, me comentó: «La mayoría de las personas que vienen a la consulta cada día resolverían sus problemas si disfrutaran de una sexualidad mejor».

¿Qué debería preguntarse una persona para saber si vive su sexualidad con inteligencia?

Debería conectar con su cuerpo y con su interior y averiguar cómo se siente: ¿Se deja arrastrar por la corriente? ¿Después del sexo, se siente triste, vacía o con sensación de bienestar? ¿Deja algún hueco en su agenda diaria para ocuparse de sí misma, o se siente culpable por ello? ¿Cede ante los deseos de sus parejas sexuales con tal de no ser abandonada, aunque no le apetezca realizar esas prácticas? ¿Se acuesta con alguien cuando sale una noche a ligar, aunque no se trate de una persona que le atraiga intensamente?... Son algunas reflexiones que nos ayudan a tomar la temperatura a nuestra sexualidad.

¿Cómo opina que puede mejorar la vida de una persona que comienza a gozar de su vida sexual de forma sana e inteligente?

Ha de entender que el transcurso de la vida la persona se encuentra en diferentes circunstancias y que no se vive la sexualidad del mismo modo. El autoerotismo es una vía de aprendizaje que nunca debe despreciarse, aunque tengamos pareja estable, porque nuestro cuerpo cambia y también cambiamos emocionalmente. Tenemos que cuidar nuestra autoestima y que los complejos no nos impidan aceptar el afecto y el placer por falta de seguridad en nosotros mismos. Recordar siempre que dar placer a otra persona no depende únicamente de ti, que tienen que enseñarte, y que recibir placer tampoco es una tarea exclusiva del otro, sino que has de desarrollar la vocación docente.

¿Qué ha aprendido, a rasgos generales, tras tanto indagar sobre la sexualidad moderna?

Que nadie es igual a nadie, que no existen patrones que nos valgan a todos, ni uno para cada sexo. Es positivo conocer cómo viven otros su sexualidad, pero por mucho que te digan que han encontrado la panacea, no tiene por qué servirte a ti. He aprendido a no juzgar y a entender que ninguna manera de disfrutar puede catalogarse de “normal” o “no normal”. En todo caso, hay comportamientos que constituyen un delito, como los abusos. Por eso es necesario aprender a gestionar las emociones y controlar ciertos impulsos. En el sexo, como en todo lo demás, funciona lo de «mi libertad termina donde comienza la del otro».

Hombres y mujeres, ¿vivimos la sexualidad de diferente manera o no somos tan distintos? ¿Por qué?

No. Son las personas las que pueden vivir y sentir su sexualidad de distinto modo, no los géneros. Si fuéramos tan diferentes no llegaríamos a entendernos ni a ser compatibles sexualmente. Y no es así, ¿verdad? Millones de parejas han conseguido entenderse en la cama y pasárselo bien. A lo largo de la Historia se han creado patrones de comportamiento sexual distintos para hombres y mujeres con el fin de controlarnos, y ambos sexos los han interiorizado, ajustándose a ellos, creyendo que es así como han de actuar para ser admitidos en la comunidad. Nos los hemos creído hasta el punto de aceptar, hoy en día, que los hombres son muy simples y las mujeres muy complejas. Yo creo que eso de intentar controlar la eyaculación sin perder la erección, como logran hacer la mayoría de los hombres, ha de ser complicadísimo.

¿Por qué a menudo confundimos el deseo con el amor? ¿Cómo distinguir el impulso sexual del amoroso? ¿Por qué es tan necesario hacerlo?

Suele confundirse el deseo con el amor cuando se tienen grandes necesidades de afecto. Entonces, aunque aparezca el impulso sexual, completamente natural, se interpreta como un sentimiento amoroso. Se vive un espejismo, se ceden a los deseos del otro sin atender a los tuyos, se aceptan prácticas que en realidad no te satisfacen o que te producen rechazo, te dejas coaccionar... O bien, te hipotecas, te casas y, un buen día, descubres que te habías equivocado, que el otro te aburre, y es tu pareja quien acaba sufriendo. Eso no quiere decir que una relación no pueda iniciarse con una fuerte atracción sexual y que, con el tiempo, aparezca un sentimiento amoroso profundo y auténtico.

En todos los estudios mediante cuestionarios que ha realizado, ¿qué caso, experiencia o confesión le ha sorprendido más?

Es difícil elegir. Una noche me llevaron a un local de sadomasoquismo. Mis amigos preguntaron por el dueño a la camarera que atendía en la barra y ella contestó: «Está en la mazmorra». Al rato, él apareció acompañado de una mujer que lucía una sonrisa de oreja a oreja. «Mirad qué trabajito he hecho», nos dijo, mientras ella se inclinaba hacia delante, se subía la mini-falda y nos mostraba unas nalgas ensangrentadas por los latigazos recibidos. Después se reincorporó y se despidió de él con un beso en la mejilla, diciéndole: «Muchas gracias, me has hecho muy feliz». Supe que aquella mujer había tenido mucha suerte al conocer a profesionales de las prácticas sadomasoquistas, porque se había dedicado a pincharse ella misma con alfileres, y esa manera u otras de “masturbarse” podrían haber tenido consecuencias irreparables. Las señales de aquellos latigazos en la piel y la sonrisa resplandeciente de la mujer ocuparon mis reflexiones durante mucho tiempo.

¿Cuál cree que es el mayor tabú en nuestra sociedad?

Posiblemente la sexualidad de las personas mayores. Vivimos en una sociedad que idolatra la juventud. Es casi imposible encontrarte con imágenes eróticas de parejas que hayan alcanzado la vejez, ni un beso siquiera en los labios, en la televisión o en el cine. Si un hombre mayor se gira con ojos de admiración para mirar a una mujer se le califica de “viejo verde”. En la realidad, son muchas las personas mayores que disfrutan más y mejor de su sexualidad que antes, porque han ganado en experiencia, han perdido el miedo a los embarazos, han recuperado la intimidad y muchos de ellos descubren nuevas maneras de gozar sin necesidad de la penetración.

Entrevista a Sonsoles Fuentes sobre el libro Inteligencia Sexual publicada en Salud Total


¿Qué teme la gente cuando se acuesta con un desconocido?
Hay miedo a no estar a la altura de lo que se espera de ella, a ser una persona demasiado lanzada o a pasarse en el recato y que la juzguen por ello. La mayoría de la gente no sabe cómo pedir al otro lo que le gusta o cómo guiarle, sobre todo si aún no lo ha averiguado por sí misma. También existe el temor a conectar emocionalmente y enamorarse, de llevarse un chasco a la mañana siguiente.

¿Cuáles son los errores más cometidos en la cama (físicos o mentales)?

Los principales errores son consecuencia de no haberse iniciado en el aprendizaje del autoerotismo, tanto mental como físico. Has de conocer tu cuerpo para guiar al otro, y entender que todos somos novatos cuando nos acostamos con una persona por primera vez, aunque hayamos tenido muchas relaciones sexuales con anterioridad. El miedo a que nos juzguen también nos impide disfrutar de la sexualidad plenamente. Otra gran equivocación es acostarte con alguien porque sientes un impulso sexual, aunque esa persona no te atraiga demasiado. Creo que es una de las razones por las que muchas chicas acaban fingiendo el orgasmo con el argumento de que «el tipo se había puesto muy pesado”. ¿Quieren decir que él ponía todo su empeño y su tiempo en hacerla disfrutar? Si es así, y ellas perdían la excitación, es que el chico no les gustaba.

¿Nos preocupa demasiado satisfacer al otro?

La empatía en las relaciones sexuales es un requisito indispensable para lograr una compatibilidad, pero es necesario comenzar por la empatía con uno mismo. Para los hombres de nuestra generación no hay nada que les haga más felices que satisfacer a una mujer en la cama. Curiosamente es una de las fantasías masculinas más recurrentes: ver a su propia mujer disfrutando del sexo.

¿Qué opina Sonsoles Fuentes de la fidelidad? ¿Podemos ser fieles sexualmente a una pareja para siempre?

No existe una regla válida para todo el mundo. Hay personas que son incapaces de ser sexualmente fieles, y otras que lo son de por vida. Pero estamos hablando del plano físico, con la mente casi todos somos infieles, aunque es una infidelidad irreal, de la que no hay que sentirse culpable. Para algunas parejas, la infidelidad es un ingrediente que les aporta morbo, que les devuelve la pasión o les hace ver qué es realmente importante. Para otras es causa de un dolor profundo, acaba con su autoestima y les conduce a la ruptura, aunque en el fondo no la deseen. ¿Un consejo? Si algún día o alguna noche pierdes la cabeza, no lo cuentes. Cuando la confianza se hace añicos es imposible recomponerla.

¿Qué papel juegan nuestros complejos a la hora de disfrutar o no de nuestra sexualidad?

Siempre han existido cánones de belleza que cambian según las modas, pero en las últimas décadas se han convertido en una auténtica dictadura, y parece que tengamos que ser fabricados en serie para gustar y, sobre todo, para gustarnos a nosotros mismos. El gran secreto de la seducción es sentirse seguro de uno mismo. Está demostrado que las personas más seductoras no son las que se ajustan a esos cánones, sino las que se aceptan a sí mismas y no se dejan arrastrar por los complejos. Si, mientras tienes una relación sexual, andas pendiente de la incipiente barriguita, será difícil que logres disfrutar.

Un consejo que nunca falla para mejorar nuestra sexualidad:

Abandonarte durante unos minutos cada día a todos aquellos instantes en los que disfrutas de los pequeños placeres: saborear el primer café de la mañana, sentir el agua caliente en la ducha, un pequeño paseo cuando sale el sol... Aunque aparentemente no tiene nada que ver con el sexo, con ello desarrollamos la habilidad de abandonarnos en un mundo que nos ha enseñado a ser productivos en todo momento. Una agenda estresante es uno de los peores enemigos de la sexualidad.

¿Cómo nos influyen los medios, la sociedad, la religión y la educación recibida a nuestra forma de vivir el sexo? ¿Pueden romperse estos patrones?

Cuando juzgamos con diferente rasero al chico y a la chica que liga mucho, estamos influidos por la religión y la sociedad. Cuando creemos que no puede existir un orgasmo más intenso que el que proporciona la penetración, estamos influidos por la religión, por la sociedad y por los medios (¿por qué en los polvos cinematográficos apenas hay caricias de los genitales y siempre llegan al orgasmo a la primera? ¡Eso no pasa en la vida real!). Cuando crees que a las chicas nos va que nos den caña y nos gustan los “chicos malos” es que algunas series de televisión te influyen demasiado. Cuando sentimos un flechazo y damos por seguro que nos vamos a entender en la cama porque “nos queremos”, estamos influidos por las películas románticas... Para comenzar a romper esos patrones has de comprender que no te pasa nada raro, si no te sientes cómodo con ellos, autobservarse para saber si te dejas manipular y descubrir cuáles son los mitos falsos sobre la sexualidad y el amor en los que has creído hasta ahora.

En su opinión, ¿cómo debemos hablar a los niños sobre el sexo?

De forma natural y sencilla, sin convertirlo en algo que les provoque temor. Para conseguirlo, hay que procurar no parecer cohibido, porque los niños lo perciben y de ahí extraerán la conclusión de que hablamos de algo malo o peligroso. No hay que evadir la pregunta, sino contestar con sinceridad, con un lenguaje adecuado a su edad, pero tampoco iniciar ahí un taller inacabable de sexualidad, porque sería excesiva información. Lo mejor es contestar a medida que los hijos van preguntando. Y llamad a cada cosa por su nombre: el pene es pene y la vulva es vulva.

¿Qué piensa de los autores científicos que aseguran que el amor pasional solo dura tres años?

Alguno de esos autores acaba de averiguar que esa teoría no es válida para todo el mundo, que algunas parejas logran estar enamoradas después de 20 años de unión. Lo han sabido tras escanear sus cerebros y compararlos con los de otras personas que acababan de enamorarse, y comprobar que se activan las mismas regiones cerebrales a excepción de la que se relaciona con la ansiedad. Es decir, que siguen enamoradas y sintiendo pasión por sus parejas, pero no se agobian por el miedo a perderlas.

¿Qué opina del sexo en la madurez?

Que nos jubilamos del trabajo, pero no de la vida ni del sexo. Recuerdo el testimonio de un señor que pasados los 65 años comenzó a tener problemas de erección. A partir de ahí, continuó teniendo relaciones sexuales con su mujer, pero dejando de lado la penetración, al menos sin necesidad de que hubiera siempre un coito. Su mujer le confesó que fue entonces cuando comenzó a disfrutar. Me escribió: «Qué pena que no me lo hubiera dicho antes».
descargar Inteligencia sexual de Sonsoles Fuentes

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