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Deseo sexual y estabilidad, el gran desafío de la pareja

¿Cuánto dura la pasión? ¿Es posible mantener viva la atracción sexual en la pareja? Es el temible reto al que se enfrentan las relaciones estables.
artículo Cómo mantener la pasión en la pareja estable

Deseo sexual y estabilidad, el gran desafío de la pareja

Unas gotas de riesgo, una pizca de transgresión, un toque de locura y mucho juego son algunos de los ingredientes para avivar la llama cuando el estrés, la aparición de los hijos y las agendas ocupadas alejan el erotismo del nido amoroso.

Bastan unas cuantas conversaciones con personas que han pasado por una separación tras una larga y aburrida trayectoria matrimonial, para descubrir que se produce un hecho recurrente: un alto porcentaje de ellos mantienen relaciones sexuales durante la ruptura y estas vuelven a ser tan apasionadas o más como en el inicio del romance. ¿Qué han recuperado? Posiblemente, la incertidumbre. La vulnerabilidad, eso que tanto miedo suele dar y de la que se huye buscando refugio en la estabilidad de la pareja es el espacio en el que habita el erotismo.

Con el cultivo amoroso se cosechan frutos que muchas personas encuentran suficientemente valiosos como para sacrificar la pasión. Pero ¿es inevitable la pérdida del erotismo para que el vínculo tenga fiabilidad?

La antropóloga Helen Fisher, que ha centrado sus investigaciones en el proceso amoroso, asegura que el cóctel de hormonas que se desata en la primera fase del enamoramiento, la más lujuriosa, apenas dura unos años. En cambio la oxitocina, la que nos conduce al apego, es la más permanente.

¿Y no es posible añadir unas gotas de complicidad, juego y picardía cuando, además de la cama, se comparte el techo?

artículo para recuperar la pasión en la pareja estable

Un poco de riesgo

«El erotismo doméstico está cubierto por un velo de corrección», asegura la terapeuta Esther Perel. Y añade: «El rechazo sexual por parte de la persona que amamos es especialmente doloroso. Por lo tanto, nos sentimos menos inclinados a arriesgarnos eróticamente con la persona de la cuál dependemos tanto, y cuya opinión es tan importante para nosotros. Preferimos censurarnos a nosotros mismos y mantener un guión erótico estrictamente negociado, aceptable y hasta aburrido, antes que arriesgarnos a salir lastimados».

Esta profesora de la Universidad de Columbia no se corta en proponerle a una mujer que siente que ha dejado de resultar sexualmente atractiva para su marido que flirtee con otros hombres. «Nunca he sido infiel a mi marido, pero si coqueteo con mis compañeros de trabajo, descubro que todavía estoy en el mercado, y eso hace que me sienta segura de que conservo el magnetismo que atrajo a mi pareja», comenta una enfermera de 42 años.

De hecho, hay parejas que utilizan los celos, en una versión alejada de la patología, como ingredientes para aliñar sus relaciones sexuales, que se tornan fogosas cada vez que se exponen a perder al otro. Lo que para algunos supone una humillación y daña su autoestima, a otros les erotiza desde el momento en que la relación deja de ser segura y se vuelve tan imprevisible como lo era al principio.

También hay personas que necesitan provocar los celos de la pareja porque sólo así se sienten valoradas y queridas, cuando comprueban que luchan por mantenerlas a su lado.

consejos para luchar contra la pereza sexual en la pareja estable

Familiaridad

Sin necesidad de tirar los tejos al compañero de trabajo o a la vecina, se puede agregar un nuevo ingrediente a la relación demostrando que uno no es tan previsible como el otro imaginaba.

Es un error frecuente en la pareja que después de unos años se dé por sentado que ya lo saben todo el uno del otro, que son capaces de descifrarse. Esta familiaridad ofrece confianza y seguridad, pero funciona como jarrones de agua fría sobre la pasión. Además, es una creencia errónea. Absurda, incluso, cuando ni tan sólo es posible conocerse bien a uno mismo.

Con la pareja puede suceder lo que al niño al que le encanta un plato y después de que su madre lo prepare casi a diario, deje de apetecerle. De ahí que tengamos que aliñarlo con nuevos ingredientes, y que busquemos nuevas formas de degustarlo.

La satisfacción sexual en la domesticidad requiere lo que se deja de lado: esfuerzo y perfeccionamiento, igual que hace el aficionado a la jardinería para disfrutar de ella, el que disfruta con el oficio con el que se gana la vida, o en la práctica de un deporte. Por el contrario, cuando se cree que, al emparejarse, el sexo se tiene asegurado, el individuo lo descuida, abandona la seducción, y llega la apatía y la mediocridad en la cama.

Da igual que se pruebe con el sexo tántrico o que se apunten a un cursillo de striptease, todo vale para escapar de la rutina y aplicarse en las artes amatorias. Siempre, condición indispensable, que no se obligue al otro ni se le coaccione para hacer lo que no desea.

Salvo en aquellos casos en que la persona sufre un acoso moral dentro del matrimonio y termina por anularse, en el refugio hogareño uno se muestra tal como es, con libertad para expresarse sin miedo a ser juzgado. Es una confianza necesaria para el equilibrio personal y el de la relación. Pero no hay que perder de vista que existe un territorio inexplorado, y que, incluso con quien se cree conocer al dedillo, surge alguna sorpresa.

Los asuntos del hogar, los problemas con los niños, los conflictos en el trabajo o con los parientes, las complicaciones económicas, todo ello ha de quedar aparte cuando se trata de crear un espacio y tiempo para el sexo, ya sea rápido o lento.

Que nos descuidemos y sigan queriéndonos no significa que nos encuentren seductores, sobre todo, cuando ni nosotros estamos a gusto con nuestra imagen.

Cuánto dura la pasión en la pareja estable

Rituales

En el pasado, la incertidumbre de si lograremos o no seducir al otro era un excelente acicate del deseo. Tras unos años de convivencia, muchos se limitan a preguntar al consorte, o a depositar una mano sobre la nalga para averiguar si le dan permiso. Cuando toda la ceremonia queda reducida a estos gestos, puede ser tan frustrante para el que es buscado como para el que recibe la negativa.

Una mayor frecuencia no es petición exclusiva de los varones, y dedicarle más tiempo e imaginación a cada momento erótico tampoco es demanda sólo de las mujeres.

Planificar un encuentro erótico con la misma pareja suscita lo que se llama una «fantasía anticipatoria». Con ella la mente, el principal órgano sexual, se pone en marcha para elaborar un afrodisíaco mucho más potente que cualquier fármaco. Genera una tensión sexual que se acumula hasta estallar al regresar a la alcoba.

Entonces, ¿por qué no hay más programación? En el imaginario colectivo se comparte el mito de que el buen sexo es espontáneo, y el falso recuerdo de que las primeras experiencias con la persona amada eran fruto del deseo urgente, sin planificación.

Sin embargo, casi todos los novios fijaban lugar, día, hora y urdían los preparativos. Se acicalaban mientras dejaban volar la imaginación con el juego, disfrutando de la espera, ideando conversaciones, gestos con los que hechizar, proyectando cómo aprovechar al máximo el poco tiempo del que disponían.

Al compartir techo, dan por sentado que contarán con el día al completo, y pronto descubren que esos momentos quedan reducidos a lo que el trabajo y las obligaciones cotidianas permiten.

cómo mantener el deseo sexual cuando hay que conciliar trabajo y familia

Pequeños intrusos

El espacio que se deja en la agenda para el erotismo se torna insignificante cuando llega la prole. Y en el peor de los casos desaparece.

Se suele pensar que un hijo es un elemento de cohesión, pero si no ha existido un compromiso previo para mantener viva la pasión, la aparición de un bebé, tremendo consumidor de energías, actúa como una bomba de relojería que puede distanciar a la pareja.

De nada sirve instalarse en la queja del aburrimiento cuando no se buscan estrategias para alimentar el deseo. ¿Qué hace el hombre para rebajar el nivel de estrés de la mujer desganada? El equilibrio en el reparto de tareas entre padre y madre es una piedra angular en el bienestar de la relación. No sólo por el ahorro de energías que luego se invertirán en la experiencia sexual, sino porque la mujer que se siente utilizada, reprocha al compañero su falta de colaboración. Puede vivir como un abuso que después de dedicar 24 horas a las obligaciones familiares, aún se le exija algo más, y acaba por sentir rechazo. Incluso aquellas que lo califican como un «buen hombre» que simplemente actúa como le han enseñado.

A esto hay que añadir los cambios físicos que ocasiona el embarazo. La mujer se siente extraña y, a menudo, descontenta con su cuerpo, y algunos hombres no se atreven a acercase a ella ni durante el embarazo ni después del parto.

Por supuesto, las necesidades del ser que acabamos de traer al mundo y del que nos hacemos cargo, son prioritarias. Pero ¿es necesario anular el vínculo erótico que dio pie a ese nacimiento? Es curioso que la mayoría de los padres hagan un esfuerzo para afianzar esa seguridad creada con la llegada del bebé, y que se despreocupen de uno de los pilares que sostiene la buena salud de la relación: la sexualidad. A medida que esta deja de ser una necesidad por parte de uno de los cónyuges, crece la frustración de quien echa de menos el sexo. Con frecuencia se busca en otra parte: engaños, pornografía, Internet…

No cabe duda de que los niños aportan nuevos alicientes y que representan retos continuos, pero estos poco tienen que ver con las aventuras que se viven en el territorio de Eros.
artículo Cómo mantener vivo el deseo sexual en la relación estable
Este artículo fue publicado por primera vez en el Magazine del diaro La Vanguardia

La reconquista

Son muchos los que se quedan de brazos cruzados a la espera de que el deseo del otro salga de su estado de coma por arte de magia. Para conducir a la pareja hacia el jardín de las delicias hay que sugerir, invitar, provocar, seducir, jugar, tentarle y hasta reenamorarse. Y no unos minutos antes de tener sexo, porque entonces parecería que se busca un simple desahogo y de nuevo surge la sensación de ser utilizado. Las muestras de afecto no deberían significar siempre el inicio de una sesión de sexo. Se trata de crear un ambiente en el que la pareja sienta que su hogar es algo más que una guardería en la que el sexo ha sido sacrificado en pos de una entrega absoluta al cuidado de los hijos según la cultura imperante que, por cierto, se distancia mucho de las anteriores generaciones, cuya concentración en la prole no era tan desproporcionada como ahora.

Atreverse a regalarse un fin de semana para sí misma, alejada de hijos y pareja es algo que ayudaría a recordar a la madre que, por encima de todo, es mujer; recuperaría los placeres personales y descubriría, además, que su familia se las apaña mejor de lo que ella imaginaba sin que tenga que estar pendiente de todo. Una propuesta aparentemente sencilla, aunque sea sólo una vez en la vida, conduce a muchas madres a un estado de ansiedad inimaginable.

Sin embargo, en casos así, la queja femenina de que no puedan valerse por sí mismos continúa. Y ellos, con la inercia, avalan la hipótesis. La postura que parece más cómoda —aparentar que se es un inútil en los quehaceres domésticos— es en realidad una amenaza a la continuidad de la unidad familiar. Ellas se afianzan en su papel de "imprescindibles”, prefieren tener el último cachivache recogido antes de meterse en la cama con algo de predisposición para el sexo, y ellos en el de seres tan dependientes como los menores. Algunos compiten con los pequeños en busca de las mismas atenciones que reciben de la madre.

En la mujer, la conexión con su parte más sexi pasa por una descarga de tareas: desde degustar unos platos que no ha tenido que cocinar y sin que implique recoger luego los platos, hasta invitarse a un tratamiento de belleza que le recuerde que tiene un cuerpo preparado para recibir algo más que las molestias posteriores al parto.

Una mujer que fantasea con hacer el amor con su marido en el cuarto de baño, cuando la casa está atestada de gente, con los niños y la visita de su familia política en la salita, puede que albergue la necesidad de construir un rincón secreto para su sexualidad. ¿Qué pasaría si en la larga lista de quehaceres se incluyera un ratito de lectura erótica, contemplar juntos un cómic porno o un vídeo casero colgado en Internet?

A veces, para dar ese paso, la pareja tiene que enfrentarse al sentimiento de culpa interiorizado por la educación recibida.

consejos para recuperar el deseo sexual en la pareja estable

Cambiando el comportamiento sexual

«La ausencia de sexo, cuando es mutua, no es necesariamente un indicador de insatisfacción», advierte Esther Perel, pero cuando el patrón de conducta refleja eso, cuando uno quiere y el otro tiene ganas de tener ganas pero no sabe cómo recuperar el deseo sexual, los miembros de la pareja han entrado en una espiral de frustración, desilusión, amargura, resentimiento y vacío.

La postura de la mayoría se limita a esperar a que el deseo sexual regrese como las golondrinas en primavera.

Nuestra pareja, y no sólo los niños, puede hacer que nos sintamos especiales, lo que nos ayudará a afrontar más adelante el síndrome del nido vacío cuando los hijos crezcan.

Cuando no se disponía de hogar y tenían que alejarse de los respectivos padres para tener sexo, la pareja aprovechaba media hora en el coche, en un recóndito lugar de la montaña o de la ciudad. ¿Y si hicieran lo mismo ahora, cuando los pequeños están al cuidado de la abuela? Puede que resulte menos cómodo que la cama, pero aportaría un poco de ese morbo que se echa de menos. Un morbo que, contra lo que casi todos piensan, llega de la mano de la intencionalidad y el sexo programado.

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