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Volver a casa de tus padres después de una separación

La ruptura de la pareja es una de las situaciones más amargas que motivan el regreso a casa de los padres. Y también la más frecuente.

Volver a vivir con los padres después de romper con la pareja


Hace poco publiqué un artículo en este blog dirigido a esos padres cuyo hijo divorciado ha vuelto a vivir con ellos. 

Este que lees ahora está pensado para ese hijo (casi siempre es el hombre quien se ve forzado a dejar el hogar conyugal) que busca cobijo en el hogar de sus progenitores, para ese Jorge de la novela Heridas ocultas

Perder algo más que una relación 

Por si el imperativo genético que nos obliga a procrearnos y a perpetuar la especie fuera poco convincente, nuestra sociedad también parece construida para conducirnos a la formación de pareja, si nos percatamos de cómo son los sueldos medios y el precio de una vivienda. Por ello son tantos los hombres divorciados que se ven forzados por problemas económicos a volver al hogar de la familia de origen. 

El recién separado tiene una sensación de pérdida que va mucho más allá de los asuntos de dinero y propiedades. No se trata solo de haberse quedado sin lugar de residencia, sino que también queda privado del contacto diario de los hijos (cuando los tiene) y de toda una estructura de vida en la que se sentía más o menos cómodo. Cuando llega la ruptura, muchos tienen la impresión de vagar sin rumbo fijo, de encontrarse en medio de un mundo desconocido en el que no saben moverse ni relacionarse

En estas circunstancias, regresar a casa no supone solamente una solución a los conflictos económicos, sino que en muchos casos la familia ofrece también un refugio a la persona que, en esos momentos, se halla emocionalmente inestable, herido, vulnerable y abandonado

La soledad, en cambio, puede engrandecer sus problemas y hacerle creer que la salida de ese pozo en el que se siente sumergido está demasiado lejana en inalcanzable. 

—Pero es un error —explica Nacho—. Yo me pasé un mes sin levantar cabeza y en casa mis padres me torpedeaban con sus comentarios sobre lo que había sucedido. Hablaban mal de mi exmujer, me repetían una y otra vez lo que ya sabía y no paraban de decirme aquello de «nosotros ya te avisamos; sabíamos que esto ocurriría». Y lo que menos necesitas en ese momento es que te calienten el cerebro con historias de las que quieres evadirte. 

Bien. Es su experiencia, y coincide con la de muchos otros. Pero en otras familias se respeta la necesidad del separado de no desear que se hable mal del tema, de su privacidad o de su nueva vida. 

Porque esa es otra; cuando el hijo separado comienza a buscar diversiones fuera de casa, muchos padres se preocupan por él, como sucedía en la etapa adolescente, y no comprenden que el separado tiene necesidad de contactar de nuevo con un entorno social del que se había distanciado durante los años de vida marital

Sin embargo, es posible que muchos se quejen de esa intromisión de los padres en su nueva vida de soltero, que critiquen ese trato, puesto que, como muy bien opina el hijo, ya no es un niño, pero que, por otra parte, no les importe en absoluto dejar su cuarto hecho un desastre para que mamá lo limpie y ordene, ni tener el plato sobre la mesa, las camisas planchadas, y todo ello sin mover un dedo para colaborar en las tareas domésticas. 

Autonomía: ¿qué sentido tiene para ti? 

Y si tu caso es el que acabo de describir, te propongo que formules para ti mismo una definición de autonomía, teniendo en cuenta las posibilidades reales que tienes de alcanzarla. Puede que desees vivir según tus propias normas, y estás en tu derecho, pero ¿cuáles de esas normas se contradicen con las de tu familia? 

Si las circunstancias económicas fueran otras y tuvieras posibilidad de vivir solo, ¿cambiaría tu concepto de autonomía? ¿Qué incluirías y qué no (supondría ocuparte de tus asuntos domésticos)? 

Piensa que tus padres ya se habían acostumbrado a vivir a su manera, sin estar pendientes de hijos que tuvieran que comer y cenar cada día, que tendrían sus propias actividades lúdicas, sus horarios. Si vuelves a su casa, es lógico que seas tú quien intente adaptarse a ellos y no al revés. O, como mínimo, podrías proponer cambios y negociarlos, pero no imponerlos. 

¿Qué cosas estás dispuesto a hacer en casa para colaborar en las tareas domésticas? ¿Qué te permite hacer tu madre? Hay que reconocer que son muchas las mujeres que envían a sus hijos mensajes contradictorios. Se quejan de que estos no hacen nada, pero si ellos intentan fregar un plato, se ponen nerviosas. Hay toda una connotación social detrás de ese comportamiento, un papel tradicionalmente otorgado al colectivo femenino que pesa demasiado. 

Muchos hombres comentan que la sensación de fracaso es mayor debido, precisamente, a encontrarse de nuevo en la casa paterna. Esta situación es muy difícil para ti. Pero también lo es para tu familia. Te ven sufrir y sufren contigo. Ellos precisan de un tiempo para asimilarlo, al igual que tú para superar el divorcio. Pero se sentirán más tranquilos si comprueban que puedes valerte por ti mismo y que no eres un ser desvalido. No has de fingir que te encuentras bien si no es cierto, a no ser que con ello te ahorres algún conflicto familiar. Pero de asuntos más prácticos de tu vida, ¿podrías ocuparte tú? A menudo sirve como medida de refuerzo y ayuda a despedirse de los fantasmas del pasado. 

¿Y qué pasa con tus hijos si te vas a vivir con sus abuelos? 

Para la mayoría de los hombres, verse privados de la compañía diaria de su prole es lo peor de la ruptura. Aunque algunos reconocen que no sabrían qué hacer si tuvieran la custodia. Son, cómo no, los que jamás se han implicado en los cuidados y la educación de la criatura. 

Un divorcio podría ser la gran oportunidad para desempeñar el papel de padre, pero muchos dejan que sean los abuelos quienes ejerzan ese rol, mientras que ellos juegan a ser colegas y amiguetes de los niños. Algunos temen que sus retoños se alejen aún más de ellos si imponen normas, y relajan tanto la disciplina que los miman en exceso y responden a todos sus caprichos. 

Los niños necesitan esas normas, aunque sean diferentes a las de la casa materna, y tienen capacidad para distinguir qué se puede hacer en un hogar o en el otro. Marca los límites y no dejes que los traspasen por miedo a que sientan un mayor dolor, dadas las circunstancias. 

No permitas que tus padres cuiden de tus pequeños (o adolescentes) más de lo preciso, eso sería ceder tu responsabilidad y renunciar a tu deber. Crecería, además, el miedo que suelen sentir los hijos de padres divorciados a que estos los abandonen. Tus progenitores tienen que desempeñar con sus nietos el papel que realmente le corresponde: el de abuelos. 

Aunque hay que reconocer que muchos de esos abuelos interfieren demasiado en tus intentos de imponer esas normas. 

Actualmente, gran parte de la población infantil española tiene a los abuelos por canguros, y esto puede ser motivo de fricciones en la familia cuando los criterios educativos son diferentes. En el poco tiempo que el padre comparte con sus hijos tiene muchas posibilidades de verse desautorizado, una y otra vez, por los abuelos con quienes convive. Situación fastidiosa cuando te han acogido de nuevo bajo su techo, ya que puedes sentirte con menos valor para enfrentarte a ellos e imponer tus opiniones. 

Aun así, es necesario encontrar el modo de cambiar esas circunstancias. Observa, pues, cómo y cuándo intervienen tus padres en la relación que tienes con tus hijos: 

➤¿Qué puedes hacer para que tus criterios educativos prevalezcan sobre los de tus padres? 

➤¿Es posible hablar con ellos sobre el tema sin herirlos? Escoge un momento adecuado, en el que los niños no estén presentes. 

➤¿En qué aspectos suelen tus padres desautorizarte? ¿Qué palabras o acciones utilizan para ello? 

➤¿Cómo reaccionan tus hijos? 

➤¿Cómo puedes explicarles que, a pesar de que tus padres no estén de acuerdo con tus normas, son estas las que debes tener en cuenta durante el tiempo que pasan contigo? 

Si te decides a plantear el asunto a tus progenitores, refuerza su autoestima recordando lo mucho que han hecho por ti y por tus hijos. De lo contrario, pensarán que solo ves los aspectos negativos y que no agradeces su esfuerzo y dedicación. 

Insisto, por último, en que el cuidado de esos niños o jóvenes es responsabilidad tuya durante los días que pasan contigo, y que has de observar hasta dónde cedes en tu papel de padre para dejar esa importantísima tarea en manos de los abuelos. 

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