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La respiración sexual


Pone el freno, borra distracciones, extiende la energía sexual a todo el cuerpo, amplía el umbral del placer. ¿Se puede pedir más? Todo ello con utilizar tu respiración correctamente. Sólo tienes que ejercitarte. 
 

La respiración sexual

Prepara la estancia con una gran alfombra repleta de cojines y almohadas. El ambiente ha de ser cálido, con música suave y sensual o en silencio. Podéis llevar ropa cómoda y ligera. 

Vamos a probar algo muy sencillo. Sitúate al otro lado de la estancia de donde se encuentra tu pareja, frente a ella, con las piernas separadas unos 45 centímetros, flexiona ligeramente las rodillas, abre la boca y respira profundamente. Y ahora, sin abandonar esa respiración profunda y regular, relaja los músculos genitales. 

Mientras continúas en esta posición, inspirando y espirando profundamente, con las rodillas flexionadas y el cuerpo relajado, intensificad el contacto entre los dos con la mirada. Al inspirar, balancea ligeramente la pelvis hacia adelante, y al espirar, hacia atrás. 

En ese balanceo hacia atrás, durante la inspiración, toma conciencia de la energía que se está generando en tu pelvis y deja que ascienda como impulsada por un tubo interior de tu cuerpo. Al espirar, invierte la corriente, deja que esa energía descienda al balancear la pelvis hacia delante. Ese tubo interior es la “flauta interna” de tu cuerpo. Sólo con ese ascenso y descenso de la energía es posible que sientas una gran excitación

Quédate con esa idea y retomaremos el juego dentro de poco. 

Una respiración correcta

Para los antiguos taoístas, el aliento era una fuerza vital que iba más allá de proporcionarnos oxígeno y eliminar dióxido de carbono. Por el contrario, la mayoría de los occidentales no empleamos más que una sexta parte de nuestra capacidad pulmonar. 

Los ejercicios de respiración resultarán familiares para los que están acostumbrados a practicar yoga u otras técnicas orientales. Si no es tu caso, es recomendable ensayar una respiración correcta durante, al menos, cinco minutos al día. Para ello, has de mantener una postura erecta y con el pecho en posición normal. Aprende a inspirar y espirar de modo que el aire llene todo el diafragma. No emplees la boca. Primero exhala con lentitud el contenido de los pulmones y vacíalos completamente, haciendo un esfuerzo y contrayendo el diafragma. Ahora inspira con suavidad para ensancharlo al máximo. De nuevo, espira despacio y repite el proceso. 

Se ha dicho muchas veces que para mantener unas buenas relaciones sexuales hay que comenzar por conocerse a uno mismo. Pues bien, tomar consciencia de la manera de respirar forma parte de eso. Con la respiración consciente podemos conectar con nuestras sensaciones físicas e incrementarlas, nos volvemos sensibles al flujo respiratorio y descubrimos que podemos centrar la atención en la parte del cuerpo que deseemos, sencillamente, dirigiendo ahí nuestra respiración, crear sensaciones de calidez intensa en esa zona y extenderla al resto del cuerpo. 

Para lograr una respiración consciente, basta con centrar toda la atención en la afluencia y la salida de la respiración. De ese modo, también logramos controlar nuestros pensamiento: en las mujeres, tan dadas a desconcentrarse con tareas pendientes, apacigua su mente, y también en los hombres, si ésta se desboca y necesita ralentizar el proceso eyaculatorio

Eternizar el momento

Los músculos de un hombre están condicionados para ayudarle a eyacular con rapidez. Es muy posible que las prácticas masturbatorias durante la pubertad, cuando lo que se buscaba alocadamente era esa deliciosa sensación, tengan mucho que ver en ello, un entrenamiento que continuó en las primeras relaciones de adolescentes, presionados por el temor a ser descubiertos en un lugar al aire libre, el automóvil o la parte de atrás de una casa. De ahí que sea necesario un reaprendizaje para relajar la tensión muscular. 

Cuando la excitación se incrementa y se acercan al clímax, la mayoría de los hombres se mueven con más fuerza y rapidez, y respiran de forma más pesada y acelerada. Algunos hasta dejan de respirar. Pues bien, para revertir el flujo de la energía sexual y hacerse con el control de la eyaculación, lo mejor es respirar lenta, profunda y rítmicamente. 

La respiración no tiene que igualarse con los movimientos. Estos pueden ser rápidos y mantener unas respiraciones largas y consistentes. Al inhalar, imagina que respiras todas las esencias y sensaciones del momento, cada minuto de una experiencia que podemos interpretar como mágica. 

Quizá sea más sencillo probar a solas, en un lugar sereno y cuando sepas que nadie va a molestarte. Mastúrbate como lo haces habitualmente y, cuando se acerque el orgasmo, detente un momento: ¿Qué sucede con tu respiración? ¿Se detiene? ¿Jadeas? ¿Qué músculos estás tensando? 


Con la idea de tranquilizarte, disminuye la respiración para que sea larga y constante. Si la lucha parece demasiado intensa, detén todo movimiento. La intención es aumentar el umbral del placer, la capacidad de soportar más goce antes de eyacular. Una vez te has detenido en la primera oleada, es cuestión de retomar el ritmo y repetir el proceso. Cuando la energía se eleva en la zona genital, respira profundamente, sostén la respiración y después, esparce esa energía al exhalar. Imagina que se extiende por el resto del cuerpo hasta alcanzar los dedos de las manos, de tus pies, liberando los músculos de toda tensión.

Tú decides cuántas veces quieres repetir el proceso antes de llegar al final. Cuanto más se practique a solas, más posibilidades existen de que todo ocurra de forma natural al estar acompañado.

En compañía

Es momento de retomar el ejercicio propuesto en las primeras líneas de este artículo para experimentar el placer que proporciona la respiración consciente con la pareja. 

Nos habíamos quedado en esas sensaciones intensas que provoca el flujo energético, aunque hasta el momento ni siquiera os habíais rozado. A continuación, y sin abandonar el balanceo de la pelvis, avanzad el uno hacia el otro. Cuando os encontréis, él se sentará en el suelo con las piernas cruzadas -puede colocar un cojín debajo para estar más cómodo- y ella se colocará encima. Relajaos con los ejercicios de la respiración consciente que ya conocéis, mantened ese ligero balanceo y el contacto de la mirada. 

En esta postura, que los budistas conocen como yab yum (la unión del padre y la madre), contraed los músculos genitales al inspirar. Notaréis que la energía circula hacia arriba, por la columna vertebral, y a continuación, al soltar el aire, relajad esos músculos, como si alzarais el vuelo. En pocos minutos, si habéis continuado con el ritmo, os sentiréis sumergidos en él. Respirad a través de la boca, más profundamente aun, hacia el centro sexual, dejad que se avive la excitación y, al inspirar, visualizad su ascenso hacia el cerebro. Al espirar y relajar los genitales, percibe cómo te abres al otro, es una actitud de entrega

Hasta aquí, habéis cabalgado juntos, unidos por vuestra energía sexual, sin llegar a la penetración. Los occidentales no estamos acostumbrados a contener la energía orgásmica hasta estos límites, pero estos ejercicios, a modo de preliminares, nos facilitará conectar con la respiración en próximas experiencias. 

Revolcarse

Es preferible realizar estos ejercicios con el estómago vacío. Así que no os pongáis con ellos en la sobremesa. Puede que seáis adeptos a una postura o que adoptéis varias durante una sesión de juego amoroso; no importa cuál sea la posición escogida por vuestros cuerpos siempre que tengáis en mente esa imagen de la flauta interna y el movimiento de la energía a través de ella. 

La alfombra y los cojines que habíamos dispuesto en la estancia nos permitirán revolcarnos en el suelo, jugar cómodamente y pasar de una postura a otra, que descubráis nuevas posiciones y crear un flujo de movimiento. Las almohadas sirven de apoyo del cuello para asegurar la relajación y evitar posteriores tortícolis, también podéis colocar un cojín bajo la espalda o las nalgas si os apetece sentir una penetración genital más profunda. Las paredes y algunos muebles de la habitación pueden servir para empujar con la planta de los pies durante algunas posiciones coitales, facilitando así los movimientos pélvicos. 

La postura del misionero (la típica con la mujer tumbada de espaldas y el hombre encima) puede ser un buen comienzo para que ella se concentre en el flujo de la respiración durante la penetración, puesto que permanece pasiva, pero si se mantiene durante mucho tiempo, puede potenciar una eyaculación rápida. 

Con la mujer encima, es él quien se relaja y se concentra en su respiración. Ella goza de libertad para cambiar el ángulo de inclinación, dirigir las caricias del pene en su interior como desee sin abandonar los ejercicios respiratorios y experimentar así las sensaciones energéticas, jugando con su PC (la musculatura pubococcígea), como si succionara al inspirar. Si se coloca en cluclillas, podrá ejecutar los movimientos ascendentes y descendentes con más intensidad. 

Otras posturas

Por supuesto, si no os apetecen las acrobacias, podéis cambiar estas posiciones por otras más relajadas, como la postura de la cuchara. Aunque impide el contacto visual, es ideal para estimular el clítoris, ya sea masturbándose ella misma o haciéndolo él. Ambos se tumban de costado, ella le da la espalda a él, coloca la pierna que queda debajo entre los muslos del chico y la otra queda recostada sobre sus nalgas, enlazándolas. De esta forma él la penetra desde atrás, la mujer busca el ángulo de penetración que más le conviene y puede dirigir el pene hacia el punto G. Con las manos, puede asir también los muslos o nalgas del hombre para comunicarle sus deseos de ritmo y profundidad de movimientos. Sin que ninguno soporte el peso del otro, hay que concentrarse en la respiración sexual y el bombeo de la musculatura PC. 

Son unas cuantas propuestas, pero la postura por excelencia que nos permite disfrutar por completo de los beneficios de la respiración sexual, es la llamada ola de la felicidad: el hombre se sienta en la posición del loto, la mujer en su regazo con las piernas enlazadas en la cintura de él. Aunque hay penetración, el cuerpo apenas se mueve, el movimiento se genera en el interior con la respiración consciente y las contracciones musculares aprendidas con los ejercicios del PC. 

Así, con las bocas rozándose y sin perder el contacto visual, visualizamos la energía que circula con la respiración ondulante y ascendente de un amante al otro a través de la flauta interna, conteniendo y generando la excitación según los deseos. 

Es posible que necesitéis prepararos con más ejercicios respiratorios para adentrarse plenamente en la ola de la felicidad sin un gran esfuerzo. No importa, en ese viaje os conoceréis mejor y descubriréis vuestra creatividad en los movimientos, en absoluto mecánicos, y los juegos sin prisas. 

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Este artículo sobre la respiración durante los juegos sexuales fue publicado en la revista Sexologies.

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