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¿Puedes contar tus fantasías eróticas a tu pareja?


Los sexólogos están de acuerdo en que tener fantasías sexuales es síntoma de buena salud sexual, por más raras que te parezcan. ¿Quiere eso decir que se las puedes contar a tu pareja?


artículo sobre ventajas e inconvenientes de explicar las fantasías sexuales a la pareja

Fantasías sexuales: ¿Puedes explicárselas?

Contarse las fantasías eróticas puede ser un buen método para activar el deseo sexual en una relación que está cayendo en la rutina. Pero, ¿y si tu pareja lo malinterpreta? ¿Será contraproducente confesar los secretos más íntimos que esconde tu imaginación? Solo tú tienes la respuesta. Depende mucho del grado de complicidad, de comunicación y de confianza que exista entre ambos. ¿Suscitarían sus celos si le narraras tus fantasías con alguien del trabajo? 

¿Vuestras relaciones subirían de tono si, mientras te tiene entre sus brazos, le susurraras al oído que te imaginas lamiendo los pezones de otra mujer, mordisqueando el cuello de otro hombre? 

¿Pensaría que sufres alguna patología mental si le cuentas la más transgresora de las fantasías que tienes mientras te masturbas? ¿Le molestaría enterarse de que te masturbas cuando estás a solas o se alegraría? 

Puedes probar leyéndole testimonios de otras mujeres y otros hombres, a ver cuáles son sus reacciones. Y a partir de ahí, decide si admites cuáles coinciden con las tuyas o consideras que no vale la pena arriesgarse y mantienes la boquita cerrada.

No hay que sentirse culpable por disfrutar de una sexualidad individual aun teniendo pareja. Es una creencia falsa que una persona no deba masturbarse si tiene una relación. La ausencia o reducción del deseo sexual es el motivo de consulta sexológica más frecuente en las mujeres. Los terapeutas aconsejan echar mano de nuestras fantasías eróticas tanto para tratar esta disfunción sexual como para recuperar la excitación si notamos que la perdemos durante el acto sexual.

¿Qué tal si leyeras a tu pareja una fantasía erótica como la de este testimonio y observas cuál es su reacción?

«El escenario es un espacio oscuro, como una cabaña, quizá sucio, pero con detalles ambientales que no soy capaz de apreciar por la penumbra. Solo destacan la puerta de entrada, de madera como el resto, y la mesa de una cocina grande, también de madera.
Yo no soy nadie importante, no soy más que un instrumento de placer para mi dueño. Y me siento como tal, a merced de los deseos violentos de alguien mucho mayor que yo a quien no importo, con quien no hablo. Solo habla él.
Entra por la puerta y tras desprenderse de la bolsa con sus herramientas de trabajo, viene hacia mí con paso firme. Masculla en tono dominante: “¿Qué has hecho mientras yo no estaba? Seguro que te has portado muy mal... ahora verás... te voy a castigar...”
Sin ningún tipo de juego me aplasta contra la mesa y me penetra sin contemplaciones. Lleva una vara en la mano y amenaza con fustigarme por ser muy mala. Lo hace en los pechos mientras me penetra y llega al clímax, y yo no puedo reprimir el placer que siento.» (37, años).

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