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Historias que te atrapan



Yo creía que eso de que una no encuentra las ideas sino que son ellas las que te encuentran a ti era una de las cosas que dicen los escritores porque suena bonito y envuelve el oficio de un halo de idealización. Creía que era un artificio que embellecía la obra, como la portada de diseño elegante.
Hasta que la semilla de ALAS NEGRAS Y CHOCOLATE AMARGO se tropezó con mis sandalias y se me agarró como el velcro al borde del pantalón, mientras escribía los tres últimos libros que tenía comprometidos con editoriales, como Sedúceme otra vez y Sex Confidential. Ese otro trabajo de escritura, más periodístico, me continuó aportando otras ideas que se sumaron a la primera semilla, testimonios, historias, experiencias de otros de las que el narrador toma lo que considera adecuado y la imaginación modela la arquitectura de la novela como le apetece mientras la dejas libre. La vida de un escritor no suele aportar material para crear personajes atractivos, a no ser que haya pasado por una guerra o un secuestro, que trabajara como espía, que tuviera unos padres atracadores de bancos o pasara años en el mar como marinero. No es mi caso ni el de la mayoría de escritores de esta época. De modo que escucho a quienes desean hablarme de otras vidas, y de ellas tomo aquello que vale la pena ser narrado. (En las de algunos de mis ancestros sí puedo encontrar una fuente rica de historias, y tal vez lo haga cuando acumule fuerzas para enfrentarme a esos fantasmas).
Concebir la trama de esta novela no fue, pues, tan difícil. Lo que de verdad me ha llevado años de trabajo fue esculpir a las hermanas protagonistas, a Carol y Fani.
La historia está contada por ellas y ese fue el gran obstáculo. Puse todo mi empeño en apartar sus voces de la mía y en que fuesen, también, muy distintas la una de la otra, aunque sin que dejaran de parecer hermanas, dos mujeres que se habían criado en el seno de la misma familia, cuyas circunstancias cambiaron a raíz de la muerte del padre, cuando Carol tenía diecisiete años y Fani era una criatura de siete.
La narración arranca veintidós años después de este hecho, a partir de otra muerte, la del marido de Carol, el psiquiatra que le diagnosticó múltiples trastornos y la ingresó en la clínica mental que dirigía en más una ocasión.
La escritura de los primeros capítulos fue un trabajo de lentitud desesperante y angustiosa. Tanto que pensé varias veces en abandonar el proyecto. Hasta que un día (lástima que no anoté la fecha) comencé a escuchar las voces de estas dos mujeres y el ritmo de escritura se aceleró hasta hacerme daño en la muñeca (escribo el primer borrador a mano).
Tanto esfuerzo para que luego me pregunten si es autobiográfica, que lo harán. Lo sé. Mejor que yo misma, habla de la novela Cris Monteoliva en su blog literario La Orilla de las Letras, aquí.
Espero que la historia de Carol, de Fani y de otros personajes que las acompañan en ALAS NEGRAS Y CHOCOLATE AMARGO te atrape y la disfrutes. Y se te apetece descubrirla no tienes más que hacer click en esta imagen:

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