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Qué difícil es ser yo misma

Siempre me pregunté qué fue de Sandy, aquella chica que dejó de ser ella misma, la adolescente que se vestía de niña buena para gustar a sus padres y se transformó en la chica adecuada para el malote de Danny Zuko.

la voluntad de ser yo misma frente a la presión del grupo

Y lo de ser tú misma, ¿pa cuándo? 

Nunca me gustó Grease, soy así de rara. Cuando se estrenó, yo acababa de alcanzar la pubertad y salí del cine de mi barrio en el que la echaban con una sensación extraña. No supe qué me pasaba. No supe por qué no me sentía flotar como las otras chicas. Por qué no ponía la cara de soñadora que ponían mis vecinas y compañeras de clase mientras canturreaban la que iba a convertirse en la banda sonora de sus vidas. 

Pero nunca de la mía. 

La película que marcó a mi generación me producía tirria. 

Ahora creo saber por qué, cuando veo a las mujeres y los hombres de 50 años entusiasmados cada vez que tienen oportunidad de disfrazarse de Sandy y Danny en la escena final y me pregunto: ¿Quién era Sandy realmente? ¿Cuáles eran sus aspiraciones? ¿En qué mujer quería convertirse? 

¿Lo sabía? ¿Sabía quién era? ¿Sabía quién quería llegar a ser? ¿Tenía sueños que cumplir más allá de ser la novia de Danny Zuko? 

Sandy era una chica inocentona que llega a un instituto en las que unas niñatas que se creen rebeldes se ríen de ella por no pertenecer a su rebaño. 

Eran tan borreguillas que vestían todas de uniforme. Una cazadora rosa brillante. 

En aquel entonces, yo iba a un colegio de niñas que vestían uniforme, y lo de cambiar un uniforme por otro, pues como que no. 

Para colmo, la líder de ese rebaño, Rizzo, era a mis ojos el arquetipo de la abusona que siempre se había metido conmigo por llevar gafas y el pelo lacio. La típica envidiosa porque una tiene la valentía de no querer parecerse a ella y, para colmo, a veces gusta al más guapo. (Lo siento, chica, pero algún día tenía que decírtelo). 

Rizzo, esa jovencita que nos da lecciones de libertad sexual, a la que se supone que le importa un bledo que la tengan por un putón porque ella lo que quiere es disfrutar de la vida. Pero que sufre mogollón porque no es capaz de sincerarse y admitir que está enamorada. 

Rizzo, esa jovencita que no entiende que decir ‘NO’ también forma parte del ejercicio de la libertad sexual y no del puritanismo ni la mojigatería. 

Y que al final acepta el «me casaré contigo y te convertiré en una mujer decente». Pues qué bien. 

¿Que por qué no me gustaba Grease? Porque ser yo misma estaba por encima de pertenecer a un grupo. 

Porque ser yo misma estaba por encima de enamorar a un hombre. 

Porque ser yo misma estaba por encima de ir acompañada a la fiesta del cole. 

Porque ser yo misma estaba por encima de ser la chica adecuada para nadie. 

Así que no, nunca soñé con ponerme esos pantalones pitillo de cuero para cantar el agachúuuuu demondeplayeeerr. 

Pero… ¿cómo puedes saber quién eres tú misma frente a la presión del grupo? 

Cada vez que ponen la película Grease en la tele, la peña pilla un subidón que no veas y vuelvo a sentirme rarita. 

Las películas de historias de instituto siguen funcionando y yo no lo entiendo. 

Tampoco entiendo que funcionen las historias de chico malote conquistado por la chica buena. Y, sobre todo, no entiendo que sigan gustando a señoras de mi edad, con la suficiente experiencia para saber que ese desafío, la conquista del malote, tiene dos finales posibles: el aburrimiento o el maltrato. 

Yo creo que el de Grease, el auténtico final de Sandy y Danny es el del aburrimiento. Ya me dirás tú qué van a acabar haciendo esos dos dentro de diez años sin una puñetera pasión en la vida más que cardarse el pelo y ponerse brillantina. 

Bueno, me dirás, es que al final Sandy saca a relucir a la chica salvaje y sexy que lleva dentro. 

¿Y por qué demonios tiene que sacar a relucir nada? ¿Por qué se ve “obligada” a presentarse así en público? 

Todas queremos mantener relaciones en las que no sintamos libres y confiadas para ponerte en plan tigresa cuando se tercie, eso lo comprendo. Pero en el momento en que nos sintamos cómodas y con la pareja que nos apetezca, pero no delante de los demás para que el chico de turno sienta que no hace el ridículo por elegirnos. Para que las Pink Ladies y los T-Birds no lo expulsen de su rebaño. 

Si desatender a las cosas que a una le gustan para adecuarse a lo que le gusta el hombre del que se enamoran me parece patético, olvidarse de una misma por ceder a la presión del grupo lo encuentro peor. 

Peor porque dejas de ser tú misma por miedo a que te hagan daño. Dejar de ser tú misma se convierte en una manera de protegerte. ¿Y no se supone que son tus amigos los que tienen que protegerte? ¿No se supone que te unes a un grupo para que tu bienestar emocional sea mayor? 

Escuchas lo que dicen los demás de ti y acabas pensando que eres lo que los otros dicen que eres. La imagen que tienes de ti misma se corresponde con lo que los demás ven de ti. Y puede que hasta te conviertas en eso que dicen los demás que eres, como la profecía cumplidora. Acabas dando más importancia a lo que dicen de ti que a lo que sientes cuando actúas de un modo u otro. 

Ser tú misma también es rodearte de amigas y amigos que te aceptan tal como eres, que ni te juzgan ni intentan cambiarte. 

Ay, no sé. Tal vez eres de las que piensan que, pese a ser una bobada de película, Grease es un producto del cine hecho para divertirse y ya está. Tal vez pienses que me la tomo demasiado en serio. 

Bueno, pues vale. Solo una cosa más… ¿sexy, Travolta como Danny Zuko? No me jodáis.

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