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Cuando las mujeres idealizamos a los hombres

Les pasa a las mujeres inteligentes y equilibradas, a las buenas profesionales que ocupan altos cargos, a mujeres atractivas, fuertes y valientes. Sí, cualquiera de ellas puede confundir a un sapo con el amor de su vida.


¿Te enamoras de la persona real o idealizas al hombre equivocado?

Enamorarse de la persona equivocada 

Quien se enamora de Indiana Jones sabe perfectamente que se quedará colgada, esperándole cual Penélope, haciéndose cargo de los niños, la casa y las menudencias de la vida cotidiana, mientras él prosigue sus fantásticas aventuras, como si pagar los créditos, trabajar, cuidar de la familia y llegar sana y salva a final de mes no fuera un auténtico desafío. Pero si se inicia una relación estable con Indiana, será porque se tiene el convencimiento de que este podría cambiar y abandonar la cazadora de cuero, el látigo y el sombrero para ejercer de profesor universitario de arqueología, un puesto mucho más adecuado para un padre de familia responsable. 

Sin embargo, ¿quién quiere un aburrido profesor universitario a su lado cuando puedes disfrutar de la compañía de un atractivo e intrépido aventurero? 

Hace unos años, cuando la periodista argentina Liliana Morelli acababa de publicar su libro El príncipe se convirtió en sapo, quedamos en una cafetería de Barcelona y hablamos de cómo las mujeres se autoengañan cuando se enamoran. Esta fue más o menos nuestra charla, que no ha perdido ni un ápice de actualidad. 

Es muy bonito trabajar para que una relación funcione, pero hay un paso previo, una pregunta que habría que hacerse: ¿Vale la pena destinar tantas energías en lograr que esta relación funcione? 

La relación ya la estableces entre vos y él. Pero lo que hay que descubrir es si vale la pena dedicar tantas energías a ese señor. Primero hay que evaluar con quién estamos. A veces uno se empeña en mantener una relación que es negativa, insatisfactoria y que no vale la pena porque te va a llevar al abismo. 

Pero cuando esto ocurre y llegas al abismo o fracaso hay otro mecanismo muy común que es echarle la culpa al otro: es el otro que es un cretino. Es cierto que al igual que hay hombres maravillosos también los hay genéticamente cretinos, que son los que yo describo en el libro. Son sapos, nacieron sapos y morirán sapos. Pero somos nosotras quienes lo adornamos hasta convertirlo en lo que no era, en un príncipe. Esa falla es nuestra. Eso es lo que tenemos que reflexionar nosotras. El sapo ya verá que hace él con su vida. Nosotras tenemos que reflexionar para no volver a equivocarnos. 

Cuando nosotros establecemos una relación de pareja, cuando elegimos inconscientemente a otro no depende solamente de cuestiones como el deseo la atracción, una cuestión de piel o química, hay también muchos deseos inconscientes, hay temores, delirios que se proyectan en el otro. La elección que hacemos deja parte de lo que nosotros también somos, aunque lo ignoramos. 

Es lo que llaman algunos psicólogos el mapa del amor. 

Sí. Cuando nosotros nos acercamos al otro ya tenemos predeterminado una imagen en nuestra mente, en el inconsciente, que tiene que ver con el tipo de pareja que tuvieron nuestros padres, tiene que ver con los vínculos que establecemos con ellos, con la relación que tú misma tuviste con tu propio padre, hasta con la relación que tuviste con tu madre, si te identificas con ella o la rechazas. Hay muchas predeterminaciones. 

El problema de estas mujeres que se enganchan con sapos es que quieren creer que la gente en general y él en particular es capaz de cambiar. 

La gente cambia pero siempre que esté convencida de que el cambio lo hace por sí misma, no porque vos queréis que cambie. Si crees que tú lo vas a cambiar, craso error. 

Yo creo que la esencia del ser humano no cambia, sí cambia la forma de manejarte, en reflexionar sobre lo que estás haciendo con tu vida. Eso generalmente requiere una ayuda profesional. Es difícil que lo puedas hacer por vos misma. Habrá gente que lo haga, a la que la vida le da un gran golpe y de pronto hace todo un replanteamiento, y dice «No, mi vida es hueca, lo hago no me va a llevar a ninguna parte», y hace un cambio. Pero son las menos. En general y en edades avanzadas precisan que alguien les ayude para ver qué errores están cometiendo y cambiar. 

Da lástima pensar que la familia y la infancia vivida te marque tanto. 

Creo que las marcas de la infancia son muy fuertes. No solo te condiciona la infancia o el tipo de vínculo que estableciste con tus padres, también te condiciona el ambiente. No es lo mismo si vives en un ambiente de extrema pobreza, de mucha promiscuidad donde todo es confuso, a si vives en un ambiente más aséptico, donde todo está establecido con pautas más claras. Todo te va imprimiendo sensaciones y los sentimientos y emociones se van generando acorde a eso básico que tú vas creyendo. Pero si intentas revertirlo en el momento adecuado creo que se puede. Hay casos en que no, la persona demasiado viciada por ese mecanismo de repetición no puede. 

¿Cómo se distingue entre la pareja que no funciona porque no cuaja y cuando no funciona porque has dado con uno de estos cretinos? 

Estos personajes dejan muchos indicios. No es que hoy sea príncipe y mañana sapo, de un día para otro. Si vos estás atenta, te vas dando cuenta. Esos indicios no tenés que negarlo ni racionalizarlos. Vos decís: «Fulano de tal no tiene trabajo ni dinero, pero está haciendo todo lo posible para conseguirlo». La realidad te indica que fulano de tal no tiene plata, no tiene trabajo, está sentado ahí holgazaneando mientras vos trabajás 18 horas. Hay una realidad concreta, mírala tal cual es. 

Hay una sensación a la que hay que prestar mucha atención: es la de que vos os sentís mal. Ya sea porque sos maltratada, porque sos subestimada, porque esta persona está viviendo a tu costa. Hay un malestar interno, aunque no sepas muy bien de qué se trata, a partir del que tienes que replantearte qué cuernos está pasando. 

Cuando en una relación de pareja hay honestidad por ambas partes y se hace todo lo posible pero vemos que no coinciden los temperamentos, porque tienen proyectos de vida diferentes, porque se desgasta con la convivencia o porque teníamos falsas expectativas de vida, ahí se puede terminar y dar lugar a una amistad. Se puede seguir queriendo al otro, aunque no amándolo, y mantener esa relación de otro como alguien que fue importante en tu vida, aunque ya no es como antes. Puedes preservarlo como amigo. 

El otro caso no, en el otro hay que cortar como con alguien que no vale la pena, porque son personas muy seductoras y agradables y corres el riesgo de repetir el encantamiento. 

En esas mujeres también hay indicios que la señalan como el tipo de mujer que va a ir a dar con un sapo. 

Básicamente son negadoras, fabuladoras. Él les dice algo y ella entiende otra cosa. Ella vive una realidad completamente diferente a la que está viviendo él. 

Veo que les resulta insoportable la idea de la soledad, que prefieren una relación catastrófica a verse solas. 

Si, hay casos así. También hay casos de mujeres que se meten en una relación pero en realidad temen al compromiso emocional, y este personaje les viene como anillo al dedo, porque ella quiso establecer una relación pero el problema era él, así se siguen salvando ellas. Aparentemente son equilibradas y estables, tienen ganas pero eligieron a la persona equivocada. No. En realidad, eliges a la persona que te refleja una parte tuya. Como el príncipe faraón, que lo hace todo a lo grande, hasta que salta sin red, y todo va mal mientras él sigue pensando que todo funcionará. Esta mujer engancha con él porque también había una gran necesidad de estatus y poder. Eso es lo que hay que analizar: qué parte tuya engancha con este personaje. 

Hay princesas también, ¿no?, que se convierten en ranas. 

Sí, claro, pero ese es material de otro libro que tendrá que hacer algún señor. Yo comencé este libro porque topé con un príncipe mágico a partir de ahí hice una revisión de lo que me había pasado y me di cuenta de que mis amigas, que no eran tontas ni jovencitas ni descerebradas, con experiencias de vida, que ocupaban cargos profesionales, les pasaba lo mismo. Así me planteé qué patrón común existía. Me parece que yo puedo entender mejor la psicología femenina, y creo que un hombre escribirá mejor un libro de ranas. 

Estos príncipes son todos Peter Pan que dan con su Wendy, pero también hay Campanillas. 

Este no es un libro contra los hombres. Existen estos ejemplares que son deplorables, pero acá yo estoy centrando el foco en nosotras, en descubrir qué hacemos para no volver a repetirlo. Esto no quiere decir que todos sean así ni que toda la responsabilidad recaiga en ellos. No me gusta usar la palabra culpa porque en nuestra forma de actuar existen factores que no son voluntarios. El inconsciente tiene un montón de botones que vos no manejas.

Cuando las mujeres idealizamos a los hombres: entrevista con Liliana Morelli

¿Tenemos que quemar las novelitas rosas y las películas románticas en una hoguera? 

Las mujeres somos fabuladoras de por sí. Los cuentitos rosas apelan a nuestras emociones. Los hombres tienen otra manera de percibir las cosas. Así como somos diferentes por fuera también lo somos cerebralmente. Esto es así para que nos complementemos. Ahí está la gracia. 

¿Qué hacer con nuestras hijas para que no confundan a sapos con príncipes? Ya que nosotras cometemos el error, ¿cómo conseguir que ellas no lo repitan? 

Hay un camino que es la experiencia. Es personal, intransferible y hay que hacerlo. Creo que los errores son buenos. Una aprende de los errores. Los momentos positivos son fabulosos, te gratifican el alma, pero aprendemos realmente cuando nos equivocamos, porque eso te obliga a hacer un replanteamiento profundo de todo: qué hice malo, con quién fui, qué pasó, por qué, por qué manipulé o me dejé manipular, etcétera. 

No sé si es mucho lo que las madres pueden hacer. Sí es importante que exista comunicación con la hija y que le vaya transmitiendo pautas, como tal tipo de hombre no es bueno porque no te hace sentir bien, pero no de una manera compulsiva, sobre todo porque no conseguirás nada así. Una adolescente va a hacer justo lo contrario de lo que le digas, y una jovencita ni te pregunta. Creo que son pautas que se van transmitiendo progresiva y naturalmente. La comunicación es básica, conocer con quién anda y hacerle notar que no se siente bien con ese chico. 

Cuando llegan a la adolescencia pueden padecer el síndrome Romeo y Julieta ante cualquier crítica de los padres. 

Es que en la adolescencia tienes que andar con el síndrome Romeo y Julieta porque, si no, no lo sufrirás nunca. Hay una edad de la inconsciencia, otra del idealismo, y la de «el mundo está contra mí», que es la adolescencia. En realidad, eres tú quien está contra los demás porque estás tratando de reafirmarte en la vida, dejaste atrás a la niña pero todavía no eres una mujer. Con esa edad la madre solamente puede estar atenta a lo que sucede para cuidarse de que no entre en experiencias más devastadoras, como la droga o un hombre que la maltrata, pero el resto… 

Si es difícil cambiar a un sapo, ¿no es igualmente difícil que cambie una mujer dispuesta a engancharse a este tipo de hombre? 

Sí. El primer paso es tomar consciencia. Mientras tú niegues esto, estarás actuando como si no pasara nada, como si la culpa la tuviera el otro, como si no tuvieras suerte… Así perdiste, estás condenada a repetir la experiencia. Tienes que plantearte qué te muestra de ti misma. Al darte cuenta de lo que te pasa empiezas a cambiar y estableces vínculos diferentes con los hombres. 

Nos cuesta aceptar el cambio como algo bueno. 

Sí, todo el mundo rehuye hablar de crisis, pero como la propia palabra indica, una crisis lleva consigo la oportunidad de vivir algo diferente, y seguramente mejor. 

En este mundo no hay certezas, vivimos en un mundo cada vez más inestable. El mundo de nuestros padres era protegido o previsible, el nuestro es totalmente imprevisible, nos ha tocado vivir otro mundo y tenemos que trabajar para pasarlo lo mejor posible, aprender a tener capacidad de adaptación. Es un mundo bastante hostil en el que tienes que estar alerta. 

¿Indicios comunes a todos estos sapos? 

No, son tipos muy diferentes. Lo que veo en común es que son chicos que no han crecido, inmaduros, con dificultad para pararse realistamente en el mundo. Cada persona es un mundo. Suelen ser bastante abusivos, abusan de la situación. Saben que están con una mujer muy dispuesta, que los va a apoyar incluso económicamente y son egoístas y oportunistas. Abusan de eso. 

También nos han educado en la idea de que si no apoyamos y salvamos al hombre que tenemos al lado, las egoístas somos nosotras. 

Claro, pero nadie puede salvar al otro. Hay un egoísmo positivo que consiste en plantearse qué necesito yo y qué es lo que me hace bien a mí, en función de eso se va a barajar todo lo demás. Si vos pensás qué le hace bien a él en detrimento mío, a pesar de que yo me sienta subyugada, subestimada, eso ni te sirve a ti ni a él tampoco, porque lo vas a seguir perpetuando en su eterna inmadurez y a vos te va a llevar a una vida de miércoles… Ese egoísmo positivo no tiene nada que ver con la falta de honestidad. 

Otra excusa para no cortar es no separarse por los hijos. 

Esa es la máxima preferida de las cobardes. Yo comprendo que se tarde un poco, que cuando hay hijos y familia política no se puede hacer de un día para otro. Pero si de verdad quieres romper, con uno o dos años como mucho tienes de sobra. El resto ya no puedes decir que no lo haces por tus hijos, tus hijos van a ser grandes, el día de mañana se marcharán y qué vas a hacer, ¿quedarte con esa pareja? Yo creo mucho en la fuerza de la voluntad y del deseo. 

A veces son los propios hijos quienes piden la separación de los padres. 

Hay hombres y mujeres a quienes les gusta representar el papel de víctima, de esa manera también tienen el poder. «Yo fui la pobrecita que me sacrifiqué», te están diciendo que ella es la buena y el otro el malo. Así perpetúan esa relación. En realidad, eso les depara una satisfacción, porque ella lo maneja todo. Y encima le están mostrando a los hijos el desgaste cotidiano de la pareja, que es terrible. No puede ser bueno para nadie. 

En general, ¿dirías que es fundamental ser independiente económicamente? 

Sin eso no puedes hacer nada. Nuestras abuelas, nuestras madres estaban sometidas al hombre, porque él manejaba el poder económico. De hecho, muchas de ellas pasaron vidas muy frustradas por ese motivo. Pero cuando la mujer salió al mercado del trabajo ganó una de las principales libertades personales. 

Aún así se está produciendo una especie de retroceso por la doble jornada y el exceso de estrés, lo pagan con sus hijos. Muchas deciden quedarse con los niños. 

Creo que salimos de una situación muy encorsetada y pasamos a otra. Estamos muy liberadas, pero el hombre no ha asumido el papel de ayudante de la mujer. Ahora tenemos las obligaciones laborales más las de siempre. Pero creo que hemos ganado, en autoestima también. Creo que el paso siguiente lo darán las generaciones que nos preceden. Ellas van a lograr el equilibrio, que el hombre se sienta integrado también en la casa, confío en que ellas consigan lo que nosotras todavía no hemos logrado alcanzar. Hemos dado un salto muy brusco. Ahora hay que buscar el punto medio. 

Recuperarse y perder el miedo a intentarlo de nuevo. 

Tienes que pasar por un proceso de duelo y centrarte en ti misma para saber qué quieres realmente, quién eres, qué tipos de vínculos quieres establecer con el otro, qué quieres lograr, qué quieres para ti, qué es lo que no hiciste bien. Tampoco tienes que ver amenazas por todas partes, sino establecer relaciones estando atenta, y escuchar lo que el otro te dice viendo si eso tiene algún correlato con la acción. Porque estos señores tienen un recurso maravilloso, son capaces de engancharte a todos sus proyectos… 

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