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Madurar para renacer

Una semana después de que me invitaran al programa de Antena 3 Espejo Público, veo y escucho en el mismo espacio a otro entrevistado, Diego Armario López, periodista y autor de La segunda virginidad, quien recoge en esta obra conclusiones muy similares, por no decir idénticas a las obtenidas en Dímelo al oído y Lo que de verdad nos pone.

A pesar de su título, el libro de Diego Armario no se refiere a esa espantosa moda, que está haciendo furor en Estados Unidos, de dejar de pegar polvos con el novio meses y hasta un año antes de la boda, para vivir con más ganas la luna de miel. Por ahora, semejante estupidez no ha alcanzado a las parejas españolas, aunque me espero cualquier cosa.

No, su libro habla de esas mujeres que pasados los cuarenta, o incluso en torno a la menopausia, saben lo que quieren en la vida, o al menos, lo que no quieren. Mujeres que se han librado de tabúes y de una educación represora, cuyos hijos han crecido y han dejado de depender de los cuidados maternos, mujeres que conocen mejor su cuerpo, que han aprendido lo que de verdad les pone en la cama o fuera de ella. Muchas de ellas han roto con un marido que le cortaba las alas, un marido inseguro que necesitaba controlarlas.

De todo ello habla su libro, por lo que escuché en la entrevista. Ahora tengo que leerlo.

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Aquí dejo un ejemplo:
«Y mientras llega el amante ideal no estoy a dos velas —¡precisamente!—, porque mi cuerpo me pertenece y si alguien lo conoce bien soy yo. No tener pareja no forzosamente implica no tener sexualidad. He aprendido a explorar por mí misma el territorio —bueno, aprendí hace tantos años que ni me acuerdo— y con imaginación e ingenio la verdad es que me lo paso en grande. 
Esto es muy íntimo, pero si me g…

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