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Segundos matrimonios: Claves para reconstituir una familia


Muchos son los obstáculos a los que se enfrentan los segundos matrimonios, y aun así, es posible superarlos con éxito.
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Segundos matrimonios: Claves para reconstituir una familia

Como prometí en el artículo Familias instantáneas, en esta nueva entrada publico algunas sugerencias de los psicólogos para aquellos que, después de un divorcio, tienen el coraje de construir una nueva familia. Ahí van:

Desenterrar el pasado para superar el divorcio

La mayor parte de la gente divorciada piensa que sus heridas sanarán cuando se encuentren con alguien que pueda curarlas y buscan precipitadamente una nueva pareja que les sirva de terapeuta. En realidad, sólo podrán librarse de un nuevo fracaso sentimental si dejan resueltos los conflictos heredados del rompimiento y si han superado ya la etapa de duelo por la que suele pasar quien se separa. Por el contrario, son muchos los que creen que pueden echar tierra sobre ese pasado lanzándose de cabeza en una nueva relación.

Aprender de los errores del primer matrimonio

Nadie aprende de la experiencia de modo instantáneo. Es necesario meditar sobre el papel que se ha desempeñado en una relación y dejar de lado los narcisismos que impiden valorar honestamente nuestra conducta en el matrimonio anterior, para afrontar y superar los desafíos que representan una nueva unión. Si no es así, quien se separa deseará que su nueva vida sentimental sea diferente, pero no podrá determinar qué cambios necesita esta historia de amor para acabar convertido en un coleccionista de fracasos.

Consolidar la nueva relación de pareja

Antes de que los hijos del matrimonio anterior entren a formar parte de la familia reconstituida es conveniente consolidar la relación de pareja. Los niños suelen mostrarse hostiles a la aparición de una tercera persona, los nuevos cambios les asustan y la nueva unión puede verse perjudicada si ésta no ha fortalecido previamente su vínculo sentimental. Es preferible que la pareja prolongue el tiempo del cortejo para conocerse y comprometerse plenamente en un proyecto común, antes de padecer los continuos asaltos de los menores.

Sin prisas

En las familias recompuestas muchos de sus miembros no se sienten unidos ni por lazos de sangre ni por vínculos afectivos. Al menos, no en un principio. Muchos piensan erróneamente que van a querer a los hijos de la pareja por la sencilla razón de que aman a su progenitor, o que estos niños van a corresponderle de forma inmediata. Los miembros de esta nueva familia necesitan tiempo para conocerse, limar asperezas, establecer normas de convivencia, asimilar los cambios y, quizá, quererse. Los hijos tienen derecho a expresar sus sentimientos para que, así, los adultos puedan hacerles entender que no traicionan a nadie cuando muestran respeto por el nuevo integrante del grupo.

Las cuentas claras en los segundos matrimonios

La mayoría de las familias reconstituidas se ven obligadas a mantener dos domicilios. Para el nuevo integrante no es fácil comprobar cómo parte de los ingresos familiares se destina a la manutención de otro hogar. En lugar de barrer los problemas económicos bajo la alfombra, los nuevos cónyuges tienen que evitar los malentendidos y buscar juntos la fórmula adecuada para que las cargas que se arrastran tras el divorcio provoquen las mínimas fisuras posibles en la relación. 

Nadie puede sustituir al progenitor ausente

Hay quien intenta ocupar el lugar de la madre o del padre biológico. Esto suele provocar el rechazo de los hijastros, que descargan su ira contra el padrastro o la madrastra de formas diversas, según la edad que tengan o el sexo al que pertenezcan. Para conseguir la aceptación del nuevo miembro de la familia, éste no debe confundir a los hijos de la pareja interpretando un papel que no le corresponde o fingiendo lo que no siente. Esto contribuiría a agravar aún más el trauma de la pérdida.

Dos casas, dos tipos de normas

Que los excónyuges se pongan de acuerdo en imponer la mismas normas a sus hijos en los nuevos domicilios es una utopía. Lo fundamental es que existan esas pautas de conducta, aunque sean distintas, que los niños aprendan a ser responsables y que sepan distinguir entre las que imperan en un hogar y en el otro, pero no se deben criticar las costumbres del otro progenitor.

«La nueva relación se encuentra en una situación complicada, muchas veces en medio de un campo de batallas lleno de minas», escribió una de las lectoras de COMO LA SEDA al dejar su opinión en Amazon. Si te apetece conocer cómo se las ingeniaron la pareja protagonista para sobrevivir a esa guerra, sólo tienes que hacer click sobre esta imagen:

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