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El morbo que nos produce el miedo


Escenas oscuras inundan tu cabeza, tipos desconocidos que podrían hacer contigo lo que quisieran, lugares tenebrosos que jamás deberías pisar y, sin embargo, el deseo se enrosca en tu bajo vientre cuando te imaginas en una situación así.

artículo sobre las fantasías sexuales y el morbo que nos provoca el miedo

Fantasías sexuales: El morbo que nos provoca el miedo

¿Por qué se asemeja tanto la excitación sexual a las reacciones fisiológicas de nuestro cuerpo ante una historia de miedo? La celebración del Festival de Cine Fantástico de Sitges y la aproximación de esa noche de brujas con la que nos despedimos del mes de octubre me trae a la mente, una vez más, este asunto. Las situaciones de terror o de miedo forman parte del decorado de las fantasías sexuales de mujeres y hombres, aunque quizás son más recurrentes en la imaginación femenina. Ahí va un ejemplo:

«Fantaseo con que estoy en el cine (me gusta mucho y voy sola a menudo). A mitad de película viene el acomodador directo hacia mí, enfocándome con la linterna. Se sienta a mi lado y empieza a quitarme la ropa rompiéndomela. La luz de la linterna se proyecta en todas direcciones y cuando quiero pedir ayuda me doy cuenta de que la sala está muy vacía y que todos los espectadores son hombres. Todos miran con cara de vicio, sus bocas tiemblan de excitación, pero no se mueven de sus asientos. Cuando ya tengo toda la ropa rasgada, el acomodador separa mis piernas e introduce su linterna en mi vagina. En medio de la masturbación (también me toca por fuera toda la vulva, me agarra los pechos con su mano enorme y pellizca mis pezones), veo que todos los hombres han dejado sus asientos y han formado un círculo a mi alrededor para mirarme a mí en lugar de ver la película, se lo están pasando en grande. En realidad, es mitad fantasía y mitad terror. A veces, cuando voy al cine sola, miro a mi alrededor y me muero de miedo de pensar que me ocurriera algo similar, pero también me divierte tener este secreto.» (Estudiante de filosofía, 21 años).

Obra de la artista Xue Wang
Ni ramos de flores, ni palabras tiernas, ni cena con velas, ni bailes en palacio... Más de una mujer prefiere fantasmas y monstruos que la acechan, vampiros y hombres lobos a príncipes azules cuando se trata de fantasear con escenas eróticas, lo que NO significa que al pasar a la realidad suceda lo mismo, pues no nos excita igual lo imaginado que lo vivido. Determinadas situaciones pueden provocar una extraña mezcla de miedo, sensación de peligro y excitación sexual que aumenta el nivel de la libido. De hecho, con ambas emociones, el deseo sexual y el miedo, se ponen en marcha mecanismos similares. Ambas nos colocan en una situación de alerta que provoca un subidón y una contracción muscular que nos preparan para salir disparados. En ambos casos se produce esa acumulación de tensión que suele liberarse con el orgasmo y la secreción de adrenalina.

Pero somos seres tan complejos que ni siquiera reaccionamos igual ante una pantalla que muestre una historia de ficción tenebrosa y otra en la que veamos una escena “realista” de violencia sexual, pues las reacciones de miedo ante estímulos que pueden poner en peligro nuestra integridad física y nuestro bienestar se alejan mucho de la ruta hacia el despertar del deseo sexual. Del mismo modo, la imaginación puede forjar imágenes terroríficas que sexualmente nos excitan y, en cambio, si cobraran forma real nos paralizarían de miedo y podrían traumatizarnos de por vida. En definitiva, si vais a jugar a vampiros y doncellas, que los mordiscos sean de mentirijilla, ¿eh?


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