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Nacer mujer en el siglo XXI, ¿maldición o fortuna?

Dicen que el siglo XX fue «el siglo de las mujeres», que fuimos nosotras las protagonistas de la revolución social más profunda, que fueron muchos los beneficios conseguidos y que ahora solo tenemos que consolidarlos. Y yo, como mujer, me pregunto: esas ventajas, ¿dónde están?

Los pros y los contras de haber nacido mujer en el siglo XXI

Nacer mujer en el siglo XXI, ¿maldición o fortuna?

Imagina a un atractivo chico de 19 años que para acudir a una fiesta pide un taxi. De camino al lugar donde va a disfrutar de la noche, el chófer detiene el coche, viola al joven y lo asesina. Las redes sociales se llenan de imágenes de la víctima, la foto en la que lleva la ropa que se puso esa noche fatídica se hace viral. Y entonces, ante la perplejidad de sus seres queridos, la gente se lanza a tuitear mensajes del tipo: «Con esos tejanos tan ajustados que llevaba, ¿qué esperaba que le pasase? ¡Si lo iba buscando!»

Una agresión sexual y un estrangulamiento, una violación justificada porque los pantalones vaqueros le ceñían los glúteos. Sería deleznable, ¿verdad? Y, sobre todo, poco probable. 

Sin embargo, cuando violan a una mujer, este tipo de comentarios es tan habitual, que nos estamos acostumbrando peligrosamente al trato vejatorio que reciben las víctimas por parte de la sociedad. Mujeres a las que se les acusa de provocar a quien las viola y estrangula por ser guapas, jóvenes; mujeres que son denigradas por querer salir a divertirse, por ponerse un vestido con el que se sienten hermosas. 

Recuerdo un desalentador informe de la Federación de Mujeres Progresistas (FMP): en un año se habían emitido 71 sentencias en las que el juez absolvió, minimizó o rebajó la pena a un maltratador o un agresor sexual. ¿Con qué argumentos? Sirva de ejemplo la sentencia del juez Francesc Abellanet, que impuso una multa de 60 euros a un hombre acusado de amenazar a su compañera con un hacha, puesto que «no iba en serio».

Y apuntan los sociólogos que las mujeres intentamos en este siglo consolidar lo ganado en el anterior. ¿Tanto ha sido?

los obstáculos que encuentran las mujeres en el terreno laboral

Los inconvenientes de trabajar cuando eres mujer

Ya no necesitamos pedir permiso al padre o al marido para trabajar (sí, a eso estaban obligadas nuestras madres y abuelas), pero el paro femenino sigue estando muy por encima del masculino. Lídia Guinart, autora de Soy mujer y pretendo trabajar, asegura que los roles tradicionales todavía se reparten de forma desigual: «No es verdad que ellos y nosotras tengamos las mismas posibilidades de encontrar trabajo. Un hombre casado y con hijos gana puntos en la empresa, mientras que una mujer en las mismas circunstancias los pierde. Algunas reconocen que en la misma entrevista de selección se les pregunta si en pocos años se despertará su instinto maternal. Sobre el papel, tenemos los mismos derechos que los hombres. Pero en la práctica tenemos que hacerlos valer».

Y no será porque no somos emprendedoras, sobre todo antes de que estallara la crisis: las mujeres crearon el 60% de las empresas surgidas en 2001, con 20.700 nuevas entidades frente a las 14.500 constituidas por hombres. ¿Por algún motivo en especial? Las ejecutivas encuentran tantos obstáculos para ocupar un cargo directivo que se arriesgan a impulsar su propio proyecto. 

Para muchas de estas emprendedoras montar un negocio ha sido la única manera de volver a trabajar tras un periodo de inactividad laboral destinado a la creación de una familia (dos de cada tres mujeres dejan de trabajar a tiempo completo cuando son madres). 

Según los informes de la OCDE, la cifra de emprendedoras se ha reducido en los últimos años, pero las empresas dirigidas por mujeres o los proyectos que sacan adelante suelen tener más éxito que aquellas que carecen de mujeres ejecutivas

Un estudio de Spain StartUp revela que las empresas puestas en marcha por mujeres fracasan menos porque somos más conservadoras en la gestión de los recursos y más atrevidas para solicitar financiación.
las dificultades para trabajar cuando eres madre

Trabajas, sí, pero también quieres ser madre

Para evitar obstáculos, las españolas retrasan su maternidad. Nuestro país tiene la tasa de natalidad más baja de Europa, y la Ley de Conciliación de la Vida Laboral y Familiar no ha cambiado mucho el panorama. Supuestamente, cualquiera de los progenitores puede solicitar la baja maternal ante el nacimiento de un hijo, pero nuestra sociedad no ha cambiado tanto. Nosotras somos las cuidadoras de la familia y las que debemos realizar delicados equilibrios para compaginar ambos mundos.

Muchas mujeres viven con angustia su embarazo cuando se arriesgan a quedarse en la calle. Antes de que se aprobara la última reforma laboral, el juzgado número 28 de Barcelona condenó a un directivo por atentar contra la dignidad humana y discriminar a cinco madres trabajadoras, a las que insultaba por quedarse embarazadas y solicitar reducción de jornada. 

¿Te han preguntado en alguna entrevista de trabajo si tienes pareja o si te vas a casar? A mí sí. La primera vez me pilló tan desprevenida que fui incapaz de esconder el cabreo en mi rostro. Me había preparado para responder como periodista, no como mujer. Pensaba que querían saber qué había hecho con mi título universitario, no con mi útero.

¿Hasta dónde tenemos que llegar las mujeres para conseguir un empleo? Con tal de no faltar a las únicas oposiciones celebradas en quince años para el personal sanitario, una docena de médicos interinas que estaban embarazadas adelantaron el alumbramiento, según constató en su día el Sindicato Médico de Madrid.

A los obstáculos del mundo laboral se une el escaso gasto social que en España se dedica a la familia: un 2,1% de su producto interior bruto, frente al 8,5% de media europea. Sin dinero no es posible contratar cuidadoras o llevar a los niños a guarderías privadas, puesto que es prácticamente imposible encontrar plaza en una pública (que también se pagan), y aún estamos a años luz de que las empresas presten estos servicios en los centros de trabajo.


Las mujeres no estamos solas en la lucha por la igualdad

Existen, pues, muchas formas de maltrato y discriminación hacia las mujeres, sin salir de nuestro propio país. Pero en el camino hacia la igualdad ya no estamos solas. Desde hace unas décadas han aparecido diversos grupos de hombres interesados por la llamada cuestión de género y el sexismo que sobrevive en nuestra cultura. Ellos saben que los cambios sociales no serán posibles mientras los hombres no tomen conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor. Así han nacido en algunas ciudades los colectivos Hombres por la igualdad, que ponen en marcha proyectos y campañas que invitan a la reflexión.

Hemos recorrido un camino muy largo, pero se ha de entender que la problemática actual (la baja natalidad, el empleo precario, el cuidado de niños y personas mayores...) no atañe exclusivamente a las mujeres, ni somos nosotras las únicas encargadas de resolverlo. Todavía nos queda un buen trecho para alcanzar la igualdad real.

Y para ti, ¿ser mujer ha supuesto tener ventajas o inconvenientes?

descargar Soy madre, trabajo y me siento culpable, de Sonsoles Fuentes

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