Ir al contenido principal

Un papá para el siglo XXI

Este artículo vio la luz por primera vez en Cuerpo y Mente, tras la publicación de mi libro Soy madre, trabajo y me siento culpable. Aquí podéis leer el texto íntegro, tal como lo presenté a la revista.
artículo sobre la implicación del padre en la crianza del hijo

Un papá para el siglo XXI

No son como antes. La imagen del hombre protector, reconocido socialmente por el dinero que gana y el poder que acumula ha sido atacada por una mujer que, no sólo trabaja, sino que también asume parte de ese papel. Por ello, el hombre necesita, hoy más que nunca, penetrar en ese terreno que tradicionalmente ha pertenecido a las mujeres: el territorio de la afectividad, de la intimidad. Y ¿qué mejor manera de comenzar esa conquista de las emociones que la que proporciona la llegada de un bebé, de un ser por el que se siente un amor abrumador e incondicional?

«Mis hijos y mi familia son para mí lo más importante», dice el nuevo padre. Pero, como indica el terapeuta familiar Aaron Hass, autor de El don de ser padre, «por desgracia, esa prioridad anunciada no se refleja en el modo en que viven, en especial en el modo de distribuir el tiempo y hacia dónde dirigen las energías.»

Y es que ese varón postmoderno, ese hombre en crisis, aún se siente incómodo con la nueva paternidad: sabe que un hijo es una responsabilidad de por vida, que supone un planteamiento de exigencias cuando vuelva a casa, después de muchas horas de trabajo, que deberá postergar su merecido descanso para colaborar en su cuidado.

Muchos hombres se sienten desplazados con la aparición de un bebé, por ese vínculo especial que aparece desde el momento que la mujer anuncia su embarazo y que se consolida durante el periodo mamatorio. Pero los nuevos padres no están dispuestos a esperar con los brazos cruzados, bien al contrario, desean participar en la crianza de sus retoños. Saben que un día volverán la vista atrás y verán a sus hijos crecidos, que esos años no tornarán y que son cruciales para conocerse, que la desaparición del padre puede generar en el niño conflictos en su conducta y, lo más importante, saben que no sólo los hijos necesitan del padre, sino que el padre necesita de los hijos; en palabras de Aaron Hass: «Necesita que le den una perspectiva acerca de lo que en verdad importa en la vida; necesita del amor de ellos; y también los necesita para convertirse en una persona más afectuosa, generosa, paciente y positiva».

Amor paternal y crisis de pareja

La ruptura matrimonial tiene mucho que ver en este estallido de amor paternal. «Cuando mi mujer me dijo que esperaba un bebé, me emborraché», confiesa un padre. «Acababa de obtener un puesto en el ayuntamiento de mi ciudad, pero pensé en la responsabilidad que me caía encima: no podía permitirme el lujo de perder el trabajo y tenía que asegurar el techo que nos cobijaba. Diez años después nos separamos y, si hay algo de lo que realmente me alegro, es de tener a mi hija. Ella representa lo más hermoso de aquella relación.»

La eficacia de los métodos anticonceptivos han permitido que las parejas decidan cuándo quieren tener hijos y cuántos van a concebir; por esta razón, hoy en día los recién nacidos son más deseados que nunca. Pero, a pesar de este anhelo, los hombres reconocen que jamás imaginaron las dificultades que la paternidad traería consigo. De hecho, la mayoría no estaban preparados para ello: para las explosiones de rabia y llanto de los niños, para sus continuas ganas de jugar y de armar barullo, para sus golpes y heridas, para sus permanentes desafíos, para el cambio que supone en la relación de pareja.

Y la mujer, ¿acaso el instinto maternal la acredita para cumplir perfectamente con el papel de supermamá? Hoy, una sociedad en cambio constante sabe que es necesaria la experiencia para cuidar de un bebé, para educar a un niño. Y muchos hombres están dispuestos a aceptar el reto y asumir su paternidad, desean disfrutar de sus primeros pasos, estar presentes cuando balbucean las primeras palabras.

artículo sobre la implicación del padre en la crianza del hijo

Los nuevos canguros

En los países nórdicos es práctica habitual que el hombre se acoja a un permiso de paternidad tras la llegada del hijo, pida una reducción de su jornada laboral durante los primeros meses o alternándose con su esposa durante los primeros tres años. Algunos, incluso, piden el traslado del trabajo a casa. En Estados Unidos, los llamados “Padres en Casa” superan ya los dos millones, son hombres que han decidido dedicarse al cuidado de sus hijos, mientras que la mujer lleva el jornal a casa.

La aparición de los hombres-canguro es otra prueba de esta revolución protagonizada por el varón actual: en Estados Unidos, Alemania y Suecia cada vez son más los hombres contratados como niñeros, mientras que en la sociedad italiana la idea está comenzando a calar.

Pero, como atestiguan las agencias españolas, las familias de nuestro país aún se muestran esquivas a esta moda. Efectivamente, en España todavía existe cierta resistencia al cambio, debido a un machismo solapado del que aún no se ha desprendido nuestra sociedad. Aunque los hombres de ahora rechazan aquella figura autoritaria del padre con la que fueron educados y manifiestan su deseo a colaborar en la crianza de los niños, apenas unos 800 españoles al año se acogen a permisos cuando nacen sus vástagos. Son muchos los que continúan considerando a la mujer como la más apropiada para esta tarea.

Pero el principal escollo con el que se encuentra el varón español para participar más en el cuidado de sus hijos es la actitud de la mujer. Las féminas se niegan, aún de forma inconsciente, a perder un papel que, hasta el momento, han ejercido de manera exclusiva. Ellas siguen convencidas de que absolutamente nadie puede atender a sus hijos de manera tan efectiva como la madre.

Esta actitud sirve de pretexto a aquellos hombres que no asumen las nuevas responsabilidades paternales por el miedo que estos sienten ante los cambios que se avecinan, ante un futuro desconocido en el que los roles familiares de siempre se desmoronan, ante la pérdida del poder y la libertad, ante la necesidad de una nueva identidad masculina y, junto a ella, un nuevo modelo de disciplina con la que educar a los hijos.


Trabajar el vínculo


El hombre que desea enfrentarse a estos temores y disfrutar de sus pequeños tiene que comprender que la paternidad es un proceso lleno de altibajos, que no es fácil, que necesita de mucha paciencia, pero que, a pesar de todo ello, el esfuerzo vale la pena.

El vínculo padre-hijo no se mantiene vivo y seguro por arte de magia. Necesita de cuidados y trabajo, mucho trabajo, pero este trae consigo muchas gratificaciones. Para que esto sea posible hay que concentrarse en las auténticas necesidades y deseos de los hijos, no en los sueños y esperanzas del padre; descubrir cuál es el potencial del pequeño para estimularlo, en lugar de desviarlo hacia la dirección que su progenitor desea que tome. Dar al hijo la oportunidad de ser lo que a él le hubiera gustado ser sin manifestar interés por las auténticas inclinaciones del niño no significa ser un padre mejor.

El hijo necesita que el padre le demuestre que es importante para él. Esto elevará su autoestima y le convertirá en un individuo más seguro. Del mismo modo, a medida que el padre pasa más tiempo con el pequeño descubrirá cuán importante es para él, lo que se traduce también en un crecimiento de la autoestima del progenitor.

Es importante que el padre no aborde la paternidad como un trabajo más, sino que aprenda a disfrutar del tiempo que pasa con su hijo. Puede que a lo largo de la semana no disponga de demasiados momentos para compartirlos con sus vástagos, pero es necesario que ese rato sea un tiempo de calidad.

artículo sobre el padre que se implica en la crianza de los hijos

El tiempo de calidad


Quien llega a casa malhumorado, después de aguantar la tensión de la jornada laboral, una agenda repleta de citas, el enfado del jefe, las discusiones con los compañeros del trabajo y el esfuerzo de poner a todo buena cara, no está preparado para mostrarse afectuoso con la pareja y los niños.

En estos casos, es preferible tomarse un poco de tiempo antes de llegar al hogar para relajarse y no pagar los platos rotos con las personas más amadas. Existen numerosas técnicas para aliviar la tensión antes de reunirse con la familia. Una de ellas puede ser parar el coche cerca de casa y escuchar música relajante con la que disfrutar. Un pequeño paseo o algo de ejercicio físico también son actividades eficaces que pueden preparar al trabajador para lo que va a encontrarse al cruzar el umbral de su casa: llantos, risas, juegos y rabietas.

Decirle al hijo: «Ahora no te puedo atender porque tengo trabajo», no es lo que el niño espera de su padre después de no verlo en todo el día. Esto significa para él: «En mi vida hay cosas más importantes que tú». Cuando ese trabajo es realmente urgente, es preferible calcular el tiempo que puede llevar su realización y decirle al pequeño: «Dentro de una hora jugaremos a lo que tú quieras». Pero si no lo es, siempre puede hacerse cuando los niños duermen.

Tampoco es un tiempo de calidad aquel en el que el padre está distraído, pensando en todo lo que tiene que hacer, en lugar de concentrarse en el juego o en las preguntas del hijo. El niño lo notará enseguida y percibirá que su padre no está tan cerca de él como debiera. Las tradiciones orientales, que siempre ponen el acento en el presente, enseñan la importancia de disfrutar del momento si los pensamientos no se dirigen hacia un futuro que aún no ha llegado y que perturba la relación paterno-filial.

Una vez concentrado en el presente, el padre con niños más pequeños debe entender que para estos jugar es más valioso que hablar. Es necesario abandonar la postura adulta y regresar a la infancia, ponerse a la altura del niño, hablar de forma extraña, como los bebés, o hacer el tonto, para que el pequeño vea a su padre como una persona accesible y capaz de comprenderle. Después, a medida que el niño crece, la conversación pasa a ocupar un papel más importante en la relación. Pero conversar no supone someter al hijo a un interrogatorio, especialmente si ya es adolescente, éste se mostrará reacio a contestar preguntas al creer que intentan controlarle.

El mejor modo de intimar con los hijos es comenzar por ser uno mismo quien se abra y explique algo privado. Esto creará una relación de confidencialidad y le dará a entender que el padre confía en él.

artículo sobre la implicación del padre en la crianza de los hijos

Cuidado con las críticas

Otro de los grandes equívocos de los padres son las constantes críticas a sus retoños, generadas muchas veces por las frustraciones personales que estos arrastran y que les obligan a mostrarse demasiado exigentes con los niños. En lugar de esto, el hijo necesita que su padre le anime y le demuestre que confía en sus posibilidades, destacando sus logros y reconociendo sus méritos.

Los niños desafían constantemente a sus progenitores y es conveniente mostrarse enfadado cuando se portan mal, pero no dirigiendo las expresiones de enojo al carácter o a la personalidad del niño, sino hacia aquello que han hecho mal. Poco comprenderá el hijo reacciones del tipo: «Eres torpe, un inútil y un desobediente»; con ello solo se consigue dañar su autoestima. Una actitud como «estoy enfadado contigo porque te he llamado tres veces y no has acudido ahora que te necesitaba» es mucho más constructiva.

Tampoco puede tratarse a todos los niños por igual. El padre que goza de ese tiempo de calidad consigue conocer y comprender mejor a sus hijos, además de otorgarle la oportunidad de influir más en sus vidas y en su futuro. Pero que disfrute jugando con su hijo mayor al baloncesto no quiere decir que a la niña le guste el mismo deporte, ni siquiera cuando tenga la misma edad que su hermano. Para construir y fortalecer el vínculo, cada uno de los hijos necesita que su padre comparta con él un tiempo especial e individual, sin que otras personas interfieran en la comunicación establecida, realizando aquellas actividades que son placenteras para ambos.

Los padres que roban tiempo de su agenda de trabajo y responsabilidades para pasar esos momentos de calidad con sus vástagos obtienen múltiples recompensas: vuelven a reír como cuando eran niños, ven el mundo desde una nueva perspectiva y se sienten más importantes. Como indica A. Hass: «Nuestros niños pueden brindarnos experiencias nuevas y evocar emociones con las que habíamos perdido contacto mucho tiempo atrás. Pueden despertar en nosotros una alegría que había quedado sepultada por las responsabilidades de la vida adulta. Y pueden darnos los medios para recuperar el afecto y la cercanía que casi todos nosotros anhelamos.»

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las mujeres también echan sus canitas al aire

¿Por qué son infieles las mujeres? ¿Ya no aman a sus maridos? ¿Pueden separar amor y sexo? ¿Qué consecuencias tiene la infidelidad? ¿Hay que confesar el engaño? Con motivo de la publicación en Amazon de Chicas malas. Cuando las infieles son ellas(edición electrónica), rescato este artículo que escribí para la revista Sexologies.

Háblame sucio

Se le arrugaba el ceño a Andreu Buenafuente porque un hombre manifestaba en el testimonio enviado que fantaseaba con imaginar a su propia mujer en el centro de una reunión, desnuda e insultada por todos.

Lo repetiré hasta la saciedad: nunca hay que confundir una fantasía con un deseo real.

Sin embargo, también son muchas las mujeres que fantasean con que sus compañeros sexuales le digan frases picantes mientras están en la cama y hasta que las insulten a veces. Es lo que se denomina en inglés Dirty Talk (Hablar sucio). He aquí un ejemplo: «Me gusta que me llamen «puta» o «zorra» mientras me follan, que me sujeten por la cabeza y me impidan alzar la cara mientras practico una felación, que me peguen (fuerte, pero con moderación) y que me "obliguen" a hacer algo a lo que yo me resisto. También que me venden los ojos y no saber qué sucede a mi alrededor, ser sorprendida. Ah, me gusta la idea de ser penetrada simultáneamente por los dos sitios y lo he realizado, con ayuda de …

¿De quién nos enamoramos?

Mi madre me dijo una vez que estaba muy enamorada de Gregory Peck. Y se casó con mi padre.