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¿Tu chico suspende en sexo?


Hace un tiempo, el jefe de redacción de la revista Mujer 21, dirigida a veinteañeras, me pidió que escribiera un artículo que respondiera al título TU CHICO SUSPENDE EN SEXO. Este fue el resultado.
consejos para enseñar a tu novio el sexo que te gusta

¿Tu chico suspende en sexo? ¡Enséñale lo que te gusta! 

Él vale la pena. Es cariñoso, atento, divertido, inteligente, y estás enamorada. Pero hay una asignatura pendiente: el sexo. Y, claro, como en nosotras la pérdida de erección no es tan visible, todo parece funcionar de maravilla mientras no protestes. 

Un buen acoplamiento sexual es uno de los principales pilares que sostiene la relación de pareja, y sería una lástima dejarse arrastrar por la pereza o el miedo a provocarle un disgusto, porque si no afrontas la situación y haces algo para cambiarla vas a perderte los muchos momentos de placer que podrías pasar con un buen amante. 

El problema es que muchas llegamos a la edad de iniciación sexual con la errónea creencia de que el hombre es el maestro y nosotras sus disciplinadas alumnas. De modo que somos capaces de preguntarles “cómo te gusta que te lo hagan”, pero a los chicos ni se les ocurre cuestionárselo, se supone que conocen de sobra de qué va el asunto. Y así continuamos durante años, con un guión de la película equivocado.

Si no se trata de uno de esos seres egoístas empeñados en que la culpa de todo es exclusivamente tuya, se sentirá preocupado por no satisfacerte y dispuesto a superarlo. El principal objetivo de cualquier chico es provocar en su pareja el máximo disfrute, y demostrar así su virilidad y alto potencial. Aunque una exagerada obsesión por ganar puntos en la materia puede originar disfunciones de mayor gravedad. Vamos, que tienes que ser cuidadosa cuando pongas en marcha este taller de artes amatorias. Amabilidad, tacto y sensualidad cuando hables de ello, esos son los ingredientes que no deben faltar para fabricar la pócima que transformará a tu amorcito.

Quizá sus experiencias anteriores no le sirvieron de mucho. Al fin y al cabo, aún quedan muchas mujeres que callan cuando algo no les ha gustado o fingen el orgasmo. Si ese ha sido su historial de compañeras de cama, es natural que no conozca la sensibilidad erótica femenina ni lo que provoca su deseo, que no entienda que cada uno tenéis ritmos de excitación diferentes a los que hay que adaptarse o que el principal instrumento para hacerte disfrutar no tiene que ser su pene. Si eso es lo que piensa, lógicamente se sentirá humillado al comprobar que no tienes orgasmos vaginales (como la inmensa mayoría de nosotras). ¡Todos los orgasmos valen!

Primera regla: abandona la actitud quejica y aprende a indicarle qué es lo que te pone y cómo gozas más.

No sabe lo que te gusta

¡Pues dale pistas, que no es adivino! Hablar de sexo abiertamente todavía resulta complicado para algunas personas. Un exceso de franqueza por tu parte puede despedazar su ego, pero existen maneras más delicadas de guiarle que la de ponerte a dar órdenes. 

Conviértelo en un juego. Prueba a leerle en voz alta pasajes de relatos eróticos en los que te guste lo que le hacen a la chica y pon el acento en ello: “A mí también me encanta que me susurren guarrerías en esos momentos” o “eso de que te desnuden poco a poco y que te acaricien por encima de la ropa, mmm…”. Es más, podrías enviarle correos electrónicos de vez en cuando, con el ánimo de avivar su deseo y relatar paso por paso, con sugerentes palabras y tórridas descripciones, lo que podría hacerte cuando os encontréis. Subraya tus zonas erógenas, la forma en que te gustan las caricias, los lametones y los besos. Cuéntale dónde te gustaría que se detuviera durante largo tiempo. Con ello estarías compartiendo una “fantasía anticipatoria”, un fabuloso afrodisíaco mental que os predispone para pasar a la acción y consumar lo pactado de antemano: “Esta tarde, cuando llegues a casa, me encontrarás en la bañera, acompañada de la espuma. Coge el cava que he dejado en la nevera, un par de copas y métete conmigo en el agua. Ah, después me gustaría que me afeitaras el pubis”. 

Ya que no has llegado a su vida con un manual de instrucciones bajo el brazo, fabrícalo tú misma. ¿Algo más directo? Regálale un buen libro sobre sexualidad femenina y señala los párrafos con los que te identificas más.

consejos para enseñar a la pareja cómo te gusta el sexo

¿Dónde están esos preliminares?

Si es de los que entran en acción con un manotazo al clítoris, no sabe las múltiples sensaciones que se experimentan cuando nos exploramos el cuerpo mutuamente, desde la lentitud con que nos desnudamos, con caricias sobre la ropa y dejamos que ésta se deslice por la piel, hasta los trajes de lengua (lametones arriba y abajo, sin dejarse un hueco por chuperretear). Coge su mano, apártala de tu entrepierna sin abandonar la sonrisa y acércala a las partes que quieres que te acaricie antes del ataque genital.

Las prisas vuelven a cualquiera incompetente. Y el principal problema de los preliminares comienza por su propio nombre, que indica que esos juegos se hacen previamente al coito, en lugar de practicarlos durante todo el acto.

La próxima vez ten preparados unos aceites aromáticos (selecciónalos según tus preferencias olfativas), elige una música relajante y toma la iniciativa con un masaje, que después tendrá que darte él. Para continuar con el masajeo mutuo.

Después, aunque ya te haya penetrado, indícale que pare (con delicadeza, tanto si lo haces verbalmente o sin hablar) y continúa con algo de sexo oral. Ofrécete para que él también te lo haga y cuando te apetezca de nuevo, regresas a la penetración. Otro día, móntatelo para lograr la satisfacción sin que te la meta. Tiene que enterarse de que el coito no lo es todo. No existe un único modelo de sexualidad al que nos tengamos que ceñir. Pasarse una hora con mimos y caricias, para dejarlo ahí, sin hacer el amor puede mantener más viva la relación que el mejor de los polvos. Lo bueno es explorar múltiples formas de estimularnos y encontrar el placer.

Siempre lo mismo

Al buen amante no se le distingue por su excelente técnica, sino por la atención que presta a las preferencias de la persona amada y su capacidad de innovación. La rutina es un monstruo que todo lo devora, también el sexo. A menudo nos volvemos tan, tan previsibles… Un simple gesto y sabemos en qué momento nos va a atacar y cuáles son los pasos que seguirán, seguros, pero terriblemente aburridos. La falta de imaginación empobrece la relación sexual y nos deja sin ganas.

Las mujeres no solo nos encontramos con dificultades para expresar nuestros deseos sexuales, sino también, salvo excepciones, para tomar la iniciativa. ¿Por qué tiene que empezar él? Inventa juegos de disfraces, los que más se acerquen a tus fantasías eróticas. Puede parecerte infantil, pero es necesario introducir elementos de sorpresa para que el sexo no se empobrezca: cubitos de hielo, plumas, nata o cera de velas que se derramen por el torso.

Y durante la sesión sexual… a veces nos gusta el romanticismo, la ternura, que se ponga cariñoso. Otras, nos excita que se muestre salvaje, que suelte obscenidades y algunas mujeres se ponen a mil si él actúa con mayor brusquedad: pequeños azotes, tirones del pelo para guiar su boca hasta los genitales y otros juegos de sado light. Mientras sea aceptado por ambos, no supone ninguna patología.
Consejos para enseñar el sexo que te gusta a tu novio si te deja a medias

Me deja a medias

Que de vez en cuando eyacule antes de que tú tengas tu orgasmo no significa que sea precoz. La pena es que piense que ahí se acaba todo y te quedes insatisfecha. Es muy probable, en ese caso, que no se haya enterado todavía de lo mucho que puede hacer sin su pene en erección.

Dile que introduzca un par de dedos en tu vagina y comienza a realizar ejercicios de contracción y relajación con ella, como si los abrazaras y soltaras. Elige una postura cómoda, mejor sentada en la cama y apoyada en el cabezal. Relájate y concéntrate en tu propio placer. Cuando te apetezca, continúa guiándole para que acaricie tu clítoris, o haz que se tumbe y colócate encima para frotar tus genitales contra su muslo. También puedes situarlos sobre su boca para que te practique sexo oral. Se trata de que compruebe las muchas posibilidades que tiene de hacerte feliz. Ni se te ocurra plantearte que tardas demasiado en llegar o que el pobre estará demasiado cansado para continuar.

Masturbación

No hay dos mujeres que se masturben del mismo modo. Para que aprenda cómo te gusta existe una fórmula infalible: mastúrbate en su presencia. Vale, si nunca lo has hecho delante de un hombre, es posible que te sientas confusa y avergonzada, o que temas su rechazo. Si te da mucho apuro, puedes hacerlo con los ojos vendados para no ver la expresión de su cara, o bien, olvida la sugerencia, pero ten presente que los que se espantan ante el espectáculo son minoría, casi todos se muestran encantados. Satisfacen su voyeurismo, porque ver cómo se estimula, se toca, se excita una mujer es una de las fantasías masculinas más comunes. Además, crecerá la confianza que existe entre vosotros, y eso es muy saludable.

Cuando sus dedos jueguen con tu clítoris desplaza y mueve las caderas para encontrar el lugar donde quieres que te toque. 

Tampoco existe una postura exclusiva para que él te masturbe. Si deseas cambiarla, hazlo sin brusquedad y sujetando su mano para mantenerla pegada a tus genitales, así sabrá que solamente deseas variar la posición, no que deje de estimularte. Ah, y que no pare hasta que tú se lo indiques, de lo contrario se interrumpirá tu orgasmo.

Sexo oral

Suele proporcionar algunos de los momentos de mayor intensidad, pero ni todos los hombres saben hacerlo ni vale la misma técnica para todas las mujeres. Y puesto que la telepatía no funciona, lo mejor es que seas tú misma quien le explique cómo te gusta que te lo haga, si te agrada que meta la lengua en la vagina, si puede desplegar los labios menores para lamer el glande del clítoris directamente o si su extremada sensibilidad no lo permite y es mejor que chupe, únicamente la zona que lo rodea. Puede soplar de vez en cuando o probar a introducir un dedo en la vagina sin dejar de saborear tus intimidades. También puedes colocar tus nalgas sobre una almohada o cojines para elevar el pubis y facilitar el acceso a las partes que más te interesen.

Recuérdale que además de lengua tiene unas manos con las que acariciar tu vientre, tus pechos, tus muslos… Lo mejor es que se deje guiar por ti. Ah, para que ambos nos sintamos cómodos, antes de practicar el sexo oral es aconsejable haberse duchado previamente. 
Consejos para resolver problemas de sexo en la pareja

Su técnica durante el sexo con penetración

No hay postura que funcione igual para todas las parejas. Pero, aunque no está mal tener el Kamasutra como libro de cabecera, tampoco hay que convertir el acto sexual en un conjunto de ejercicios gimnásticos. Esto no son las Olimpiadas.

El placer que produce la penetración proviene de fuentes diversas: de la respuesta afectiva y psicológica (es la conexión física con la persona amada más profunda), por la estimulación en el tercio externo vaginal y, sobre todo, por el efecto que la entrada y salida produce en los labios menores de la vulva, que se transmite al órgano principal de la sexualidad femenina, el clítoris, lo que no siempre es suficiente para llevarte al orgasmo.

¿No te enteras de nada cuando te penetra? Bien, si dejas que siempre sea él quien domine y controle lo que pasa en la cama, tienes pocas posibilidades de que amplíe el repertorio, pero que vaya por delante una aclaración: el sexo no es como nos lo venden en las películas y eso de alcanzar el clímax con la penetración no pasa a menudo, por no decir casi nunca.

De todos modos, te proponemos que probéis con la técnica de alineación coital (TAC), definida así por el terapeuta Edward Eichel, que consiste en ejercer una presión rítmica y constante sobre el clítoris con el misionero de toda la vida colocándote tú encima de él, para asegurarte que su pubis no se separe del tuyo y que no se dedique a golpearlo, sino a frotarlo a tu gusto. Si es él quien se tumba sobre ti, separa tus piernas doblando un poco las rodillas. Mientras te penetra, él tendrá que desplazar su cuerpo ligeramente hacia arriba, para que la base del pene esté encima del monte de Venus. Se trata de balancearse de atrás adelante, como una danza, para provocar una fricción continua, no de embestir salvajemente.

Y después del sexo, se duerme

Para la mayoría de nosotras, al comienzo de una relación, también es importante que lo que sucede después de una sesión de sexo sea de nuestro agrado. Muchas chicas se quejan de que él no dice ni mu, al acabar, sino que le dan la espalda y se duermen, o se levantan inmediatamente al lavabo. O peor aún: hablan, pero para que le pongan puntuación. Aunque si el chico se ha portado como un campeón, este es buen momento para utilizar el halago y, de paso, que descubra qué es lo que te ha hecho disfrutar más. El refuerzo positivo es el mejor método de aprendizaje.

Ten en cuenta que ellos pasan tras el orgasmo por el llamado “periodo refractario”, es decir, que necesitan descansar antes de tener de nuevo una erección. Por lo tanto, fisiológicamente no están inmediatamente preparados para ofrecerte más sexo coital. Pero si lo único que deseas es un poco de caricias, un abrazo o algo de conversación en lugar de su actitud distante, lo más adecuado es hablarlo y darle a entender que no le exiges más números pasionales.

Por supuesto, no faltan las mujeres que caen exhaustas cuando han quedado plenamente satisfechas y son las primeras en dormirse. Espero que tú seas una de ellas en breve.

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