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Parejas que viven en casas separadas

Están juntos, pero cada uno vive en su casa, el modelo de relación perfecto para quien se lo puede permitir y no quiere renunciar a las ventajas de tener su propio espacio.

Son pareja pero deciden vivir en casas diferentes y no renunciar a su independencia

Una relación de compromiso sin compartir espacio

Cuando yo tenía ventimuchos y era soltera, entre mis amigas de ventimuchos y treintaypocos se puso de moda emparejarse pero guardar las distancias: cada miembro de la pareja vivía en su casa y, como mucho, las parejas pasaban la noche juntos cuando tenían ganas de sexo y, a veces, el fin de semana. También compartían un periodo de tiempo juntos, como el de unas vacaciones. Y ya.

Eran mujeres y hombres convencidos de que el modelo tradicional de pareja les conduciría al desengaño y a la infelicidad personal

La situación podía cambiar con el paso de los años, bien porque se rompía la pareja, bien porque habían comprobado que la relación tenía cierta garantía de continuidad y nacía el deseo de crear una familia. También porque compartir casa suponía un ahorro económico.

Era un estilo de vida que tenía muchos seguidores antes de que estallara la crisis económica, y que han mantenido quienes no se han visto afectados por ella y han formado pareja después de separaciones y divorcios, gente de cierta edad que tiene su vida montada.

Era el caso de Isabel, que divorciada, con más de cincuenta años y un hijo que vive ya por su cuenta, quiere seguir haciendo lo que le apetece sin dar explicaciones: «Sé que si me meto en una habitación a leer, él me va a preguntar si estoy disgustada, si ha hecho algo malo y me he enfadado. No comprende que yo siento la necesidad de aislarme con una novela. O para hacer cualquier otra cosa. Al principio, cuando mi hijo se fue de casa, me costó acostumbrarme a la soledad. Pero ahora que me he hecho a estar a solas con mis pensamientos, no quiero renunciar a sus beneficios. Eso no significa que quiera menos a mi pareja».

Muchas de las parejas que conocí para escribir Encuentros en una agencia matrimonial adoptaron este modelo que en inglés recibe el nombre de Living apart Together.

Decía Ninon de Lenclos, una cortesana francesa del siglo XVII: «El amor es una comedia en la cual los actos son muy cortos y los entreactos más largos: ¿cómo llenar los intermedios sino mediante el ingenio?» Pues bien, digamos que cuando no hay convivencia, no hay que preocuparse por llenar tantos intermedios. Y esa es una de las razones que las parejas que no quieren convivir ponen como argumento. ¿Otras?

8 motivos para establecerse en casas separadas

Quieres sentirte independiente, pero, a la vez, deseas estar unida a esa persona de la que te enamoraste. Es una decisión que tiene que ser compartida por dos personas capaces de crear una relación sólida, pero que no necesitan compartir las veinticuatro horas del día ni montar una casa juntos.

 Necesitas que exista cierto grado de misterio para seguir enamorada, y crees que esto no es posible si al regresar a casa tienes asegurado el reencuentro con tu pareja porque la convivencia destruye la magia.

 Por comodidad. Después de pasar una jornada de trabajo o mantener relaciones sociales soportando la presión de poner buena cara, te apetece llegar a casa y sacarte la máscara. A menudo, la gente paga con la pareja los malos rollos que trae de fuera. En cambio, si nadie te espera, te quitas el corsé sin molestar a nadie, y tu casa es tu hogar, dulce hogar.

 Para disfrutar de la parte buena de la relación y ahorrarte todo lo feo que trae la convivencia, desde los cambios de humor del otro hasta un aumento de responsabilidades en las tareas domésticas. 

 Sabes que puedes confiar en tu pareja sin necesidad de verle llegar a casa cuando sale del trabajo o sin tener que saber dónde se encuentra en cada momento.

 Crees que las uniones que duran mucho tiempo basándose en el sacrificio están mal entendidas, que para conservar una pareja no tienes por qué renunciar a algo.

 Al no convivir, cuando la pareja se encuentra, uno dedica al otro toda su atención, aunque no se la reclamen. No se sienten obligados, se prestan atención porque les apetece. 

 Para vivir la relación como un noviazgo que se prolongara eternamente. Suelen idear maneras de sorprender al otro o se hacen regalos con más frecuencia que las parejas que conviven. 

Sean cuales sean los argumentos que nos puedan dar para que decidan no compartir casa, hay factores que condicionan de algún modo a estas parejas para decidirse por este modelo de relación: las experiencias de convivencia anteriores que han tenido uno de los dos o ambos no han sido muy favorables, la necesidad de moverse libremente y la edad de los miembros de la pareja. Cuando son mayores suelen tener una situación económica que les permite mantener una vivienda por separado.

Un tiempo después, algunos clientes de Samsara volvían a la agencia en busca de otra persona: tenían necesidad de dar un paso más en la relación, pero el otro o la otra se negaba a perder esa independencia. 

24 horas con la pareja versus 24 horas sin la pareja

Vivir en casas diferentes carecía de relevancia para estas parejas, que no consideraban que su nivel de compromiso fuera menor que el de aquellas que compartían techo, pero ahora… 

El confinamiento al que nos hemos visto obligados a causa de la pandemia del coronavirus ha sido determinante para muchas de estas parejas que no compartían una vivienda, sobre todo si vivían en municipios diferentes. Para algunas de ellas ha sido una prueba insuperable, sobre todo porque uno de ellos proponía pasar juntos la cuarentena y el otro se ha opuesto, como si la idea de convivir les produjera una sensación de asfixia. Que uno sea capaz de pasar meses sin ver al otro con tal de no renunciar a los beneficios de la soledad ha causado mucho dolor a quien no soporta el aislamiento.

Por el contrario, asfixia es lo que sintieron Christian y su pareja cuando, después de tres años de convivencia feliz, tuvieron que vivir el confinamiento con una convivencia de 24 horas. No lo resistieron, y Christian abandonó a su pareja para vivir de nuevo con su madre, que llevaba unos años separada. La pareja volvió a intentarlo, pero siguiendo este modelo, el de “una pareja, dos casas”, y parece que les funciona. Él va y viene, y pasa los fines de semana con la pareja, igual que hacía al principio. Es como volver a la época del noviazgo.

Otras parejas, en cambio, han decidido buscar un lugar donde pasar juntos la siguiente ola de la pandemia y probar si la relación es capaz de soportar una convivencia que vaya más allá de unos días de vacaciones. Esperemos que el amor, el equilibrio y la tolerancia sean resistentes y sobrevivan a la llegada de la vacuna.

*Imagen de cabeceera: Foto de Bruce Mars en Pexels 

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