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Días de radio: Cuando los círculos se cierran


(En esta nueva entrada puedes leer gratuitamente otro de los relatos incluidos en el libro Encuentros en una agencia matrimonial. En esta ocasión, me inspiré en mis tiempos como presentadora de programas radiofónicos para contar la historia real de sus protagonistas, que, como en los anteriores relatos publicados, también se conocieron gracias a la agencia SamSara y cuyos nombres han sido cambiados para garantizar el anonimato).


(Suena la sintonía de entrada)
(Suena la cuña de presentación:
«Ellos y ellas, un programa de Iñaki Rojo y Julia Simón».)
JULIA: Ah, no, no. Yo en estas condiciones no hago un programa.
IÑAKI: Bueno, a ver. ¿Qué te pasa hoy?
JULIA: ¡Qué me va a pasar! Pero ¿tú crees que se puede venir a trabajar después de pasarte toda la noche de juerga?
IÑAKI: ¿Es que tú no lo has hecho nunca?
JULIA: Hombre, sí, cuando era una estudiante. Pero, ¡a tu edad! Señores oyentes, no se imaginan cómo son las ojeras que trae este chico hoy. Pero Iñaki, por favor, que ya no estás para pasarte las noches en la discoteca con ese chunta-chunta-chunta que ponen ahora.

(Suena música máquina)

IÑAKI: ¿Me estás llamando viejo? Cómo sois las mujeres, ¿eh? Cuando nos convertimos en maridos os quejáis todas de lo mismo: que si pasamos el tiempo tirados en el sofá y viendo el fútbol..., que si ya no me llevas a ningún sitio...
JULIA: Oye, guapo, que yo no necesito que me lleven, ¿eh? Que voy a donde quiero solita.
IÑAKI: Ya, como que no te habrás pasado el fin de semana pegada al teléfono, esperando alguna llamada.
JULIA: Pero, ¿qué te has creído? Porque no quiero hablar de mi vida privada, que si no, te ibas a enterar de las propuestas que tengo que rechazar cada día. Además, ¿tú cómo sabes que no he pasado el fin de semana con un señor? ¿Eh? ¿Me espías o qué?
IÑAKI: Si no hace falta. Si se ve a la legua que estás con el síndrome de la Bridget Jones esa, nena.
JULIA: ¿Pero qué dices? Pero qué Bridges Jones ni que ocho cuartos... ¡Y no me llames nena, te lo he dicho muchas veces!
IÑAKI: Que sí. Como la Ally McBeal, esperando que llegue el príncipe azul. Y, entérate ya, que eres mayor: ¡el príncipe azul no existe!
JULIA: Mira, déjate de tonterías. Las mujeres de ahora decidimos ser independientes.
IÑAKI: Sí, claro, ese es otro cuento, solo que más moderno.
JULIA: Además, mira quién fue a hablar. ¿A qué vas tú a las discotecas, guapo? A ver, ¿a qué? ¿Acaso no vas en busca de compañía? Pero si todo el mundo sabe que vosotros sois más dependientes emocionales que nosotras. Lo que no puedes hacer, Iñaki, es el ridículo. Porque tú, en una de esas discotecas, eres como Alfredo Landa en las películas aquellas donde se le salían los ojos mirando los muslos de las jovencitas. Patético.
IÑAKI: Vale. ¿Y qué tengo que hacer, según tú?
JULIA: Pregúntale a nuestros invitados de hoy. Ellos fueron a una agencia matrimonial. Vamos a dar la bienvenida a dos parejas: Noelia y Mario, que rondan los treinta años, y Amalia y Martín. Perdonad la indiscreción, pero tengo que especificar que les dobláis la edad.
MARTÍN: No me importa, estoy muy orgulloso de mis sesenta y nueve años.
JULIA: Noelia y Mario están casados desde hace cuatro años, y Amalia y Martín se conocieron hace cinco y ahora se plantean la vida en común.
IÑAKI: ¿Cómo? Pero ¿no habíamos quedado en que éramos los jóvenes los que teníamos miedo al compromiso?
MARTÍN: Uf, es que yo la tuve que engañar, ¿eh? Lo que pasa es que fui más listo. Enseguida me di cuenta de que tenía miedo a algo serio y ya le dije en la primera entrevista que yo no me quería casar, que si acaso nos podríamos ir a vivir juntos en unos cuantos años.
AMALIA: Y yo, cuando me dijo eso, vi el cielo abierto.
IÑAKI: Entonces, ¿por qué fuiste a una agencia matrimonial, Amalia?
AMALIA: Porque necesitaba salir de aquel agujero en el que estaba metida. Había muerto mi marido, uno de mis hijos sufrió un accidente y su hermano mellizo se trastornó. Un día compré el diario, vi el anuncio de la agencia y, como acababa de vender el piso en que yo vivía para irme a vivir a mi casa de Vilanova, disponía de un dinero en metálico. Así que pensé: pues por lo que cuesta un contrato, ¿por qué no me voy a chafardear, a ver qué pasa? Y fíjate si tenía poca idea de cómo funciona esto que cogí un taxi y le dije al taxista: «Lléveme a esta calle, que no sé ni para qué voy, a meterme en líos, supongo». Y se lo expliqué todo, por miedo, por si me ocurría cualquier cosa, que hubiera un testigo o algo.
JULIA: ¿Pensabas que se dedicaban a la trata de blancas, o que iban a sacarte la sangre?
AMALIA: Yo qué sé. Como se oyen tantas cosas.
IÑAKI: Vamos, que ibas en busca de emociones muy fuertes.
AMALIA: Ja, ja. No hombre, tampoco era eso. Simplemente no tenía ganas de volver una vez más a donde estaban enterrados mi padre, mi madre, mi marido... Quería tener al lado una persona con quien poder charlar y salir. Iba un poco despistada.
MARTÍN: Yo no. Yo ya había estado en otras agencias antes y sabía de qué iban. Estuve en una en la que se montaban unas fiestas estupendas. Quedábamos todos los viernes para bailar. Me lo pasé muy bien.
JULIA: ¿Y tú Noelia? Solo tenías veintiocho años cuando te apuntaste. Eras muy joven.
NOELIA: Se apunta mucha gente joven. Sé que hay chicos y chicas de veinticinco años o menos. Yo iba a las discotecas, a los pubs, con mi hermana y algunas amigas. Pero es difícil conocer a personas que te gusten.
IÑAKI: ¿No será que las exigencias son muy altas? Quizá haya que bajar un poco el listón.
JULIA: ¿Más todavía? ¡Pero si solo pido que ni estén casados ni sean gays! Si continúo bajándolo aceptaré a cualquier primate, aunque no pertenezca a la especie humana.
IÑAKI: Pero, vamos a ver, ¿tan difícil es encontrar a la media naranja por la vía normal, por ejemplo, que te presenten a alguien?
MARIO Y NOELIA: ¿Y quién te lo presenta?
MARIO: Es que ese es el problema. Que los caminos habituales se te agotan. Yo me quedé viudo muy joven. Mi difunta mujer murió antes de que cumpliéramos el año de casados, y a ella la había conocido en el trabajo. Allí ya no había más oportunidades. Si tu vida se convierte exclusivamente en idas y venidas, del trabajo a casa, de casa al trabajo, los círculos se cierran.
NOELIA: Cuando sales por la noche, la gente ya va con su grupo. No admiten a otras personas.
JULIA: ¿Funcionó a la primera o habíais tenido otras citas antes?
AMALIA: Yo quedé antes con un señor que era muy buena persona, se le veía muy legal. Pero estaba separado, y a mí eso no me va, creo que trae muchos problemas.
JULIA: Uy, Amalia, no sé qué será de mí cuando tenga tu edad, pero te aseguro que, en estos momentos, no estoy para excluir a los separados.
MARTÍN: No lo cuenta todo. Se ve que estaba un poco gordito.
AMALIA: ¡Qué va! Estaba muy bien. No era por su aspecto físico.
MARTÍN: No, si ella ya era lista, ya. Que si tenía que tener vivienda, si no, no quería saber nada...
AMALIA: Pues claro, las cosas claras. No me interesaba alguien con dinero, sino que tuviera su vida resuelta, que yo, la mía, ya la tenía. En el caso de que no tuviera vivienda, se vendría a vivir conmigo, ¿no? ¿Y si las cosas iban mal? ¿Lo echaba a la calle?
MARTÍN: Yo también tuve otras citas antes de quedar con ella. Hay alguna que todavía me va detrás.
IÑAKI: Pues sí que ligan los mayores.
AMALIA: Pero ya no va a incordiar más, porque la última vez que llamó cogí yo el teléfono y le dije cuatro cosas.
JULIA: ¿Con celos andamos?
MARTÍN: No, la verdad es que yo mismo la frené. Pero es que uno está de muy buen ver.
JULIA: Contadme cómo fue esa primera cita a ciegas. Noelia, ¿cuándo conociste a Mario?
NOELIA: Al mes de apuntarme.
JULIA: ¿Tan pronto?
NOELIA: Sí. Me llamó y quedamos en una gasolinera de mi barrio.
MARIO: Si quedas en la esquina de El Corte Inglés, como todo el mundo, no hay quien se encuentre. Sin habernos visto nunca... Estuvimos tomando un café, ella un chocolate, y hablando. Bueno, hablaba yo, porque ella no habla mucho. Como la veía tan tímida, las primeras veces íbamos al cine, a ver un espectáculo o a un concierto. Así fue tomando confianza.

Obra del artista John Salminen


JULIA: ¿Y vosotros?
AMALIA: Nosotros quedamos en la estación de Francia.
MARTÍN: Para que veas. A los otros los dejó ir a Vilanova. Y conmigo quedó en la estación de RENFE, para que no supiera dónde vivía.
AMALIA: Porque ya no estaba segura de continuar apuntada en la agencia. Pero como me dijo que iba con esa tranquilidad, pensé que no arriesgaba nada por salir con él de vez en cuando.
MARTÍN: Llevaba un pelo rojo, que tendríais que haberla visto. Yo no le dije que se lo cambiara, pero con el tiempo le comenté cuánto me asusté al verlo el primer día y se lo quitó.
AMALIA: Me lo cambié cuando me pareció, para la boda de mi hijo pequeño. Pero a mí me gusta cómo va la gente joven, con tantos colores. Si no fuera tan mayor, me lo pintaba de verde.
MARTÍN: Yo siempre le digo: «Tú píntatelo de verde y yo me lo dejo crecer hasta la cintura».
IÑAKI: Entiendo que no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones.
MARIO: Hombre, en principio tienes que encontrar atractiva a la persona, por supuesto. Si no, ya no intentas nada más. Pero cuando acudes a la agencia tienes que estar abierto a una primera cita. Si vas con un listado de exigencias, y pides que sea muy joven, muy guapa y con dinero, y rechazas la oportunidad de un primer de encuentro cuando no cumplen con esas condiciones, olvídate. Así, tampoco en una agencia matrimonial conocerás a tu alma gemela.
JULIA: Hay algo que no acabo de entender. Me decías que Noelia es extraordinariamente tímida, y tú, por lo que cuentas, tampoco tienes una vida social muy intensa. ¿No presenta una mayor dificultad tener que llamar por teléfono a una persona a quien no conoces de nada y concertar una cita?
MARIO: Para mí no es más cortante que acercarte a una chica en un local nocturno y preguntarle lo típico para ligar. Entonces sí que puedes molestarla. Quizá tenga interés en conocer a alguien o quizá no. El chasco que te llevas si te pega un corte te devuelve a casa de una patada. Aquí no sucede, porque ya sabes que llamas a una persona con el mismo interés que tú. No te va a decir: «¿Tú de qué vas? ¿Por qué vienes a incordiarme?».
NOELIA: Me acuerdo de una noche, en una discoteca. Había un tipo sentado en la barra, junto a la entrada. Se metía con todas las chicas que entraban o salían. Intentaba ligar con todas, indiscriminadamente. Eso sí que es penoso. La mayoría reaccionaban como mi hermana y yo: pasaban de él, como si no oyeran nada. Otras le contestaban con un desplante.
JULIA: ¿Y no se parecía a este chico?
IÑAKI: Perdona, bonita, pero yo tengo más clase.
JULIA: Venga, que ya sabemos que te aprovechas de ser un famosillo de la radio. No sé por qué continúas invitando a las oyentes a que pasen por la emisora a conocerte. Con lo decepcionadas que se quedan al verte.
IÑAKI: No hagáis caso chicas. Ella es así de celosa.
JULIA: Sí, sí. Anda, cíñete al guión y continúa con la entrevista.
IÑAKI: Prefiero improvisar. A mí me interesa saber cómo se las apañó Martín para intimar algo más con Amalia. Porque me parece que ella tomaba muchas precauciones.
MARTÍN: En el baile. Como siempre hay alguno que te pega un empujón, yo le dije: «Perdona si parece que te dé un achuchón, ¿eh?, pero es que empujan».
AMALIA: Yo le dije: «Pues si no me achuchas, tú te lo pierdes». Y ya está.
IÑAKI: ¿Lo ves, Julia? No se puede ser tan remilgada como tú.
JULIA: Pero, ¿no ves que en el fondo Martín es todo un caballero? Nosotras percibimos esas cosas.
AMALIA: Es verdad. Él es muy de la broma, pero ha llenado un vacío muy grande, ese que queda cuando tu pareja se va. Aunque no vivamos juntos, yo sé que él está ahí, para lo que necesite. Y él también sabe que si me llama para que acuda a ayudarle no me lo voy a pensar dos veces.
IÑAKI: Hombre, Amalia, pero después de tantos años, ya toca que compartáis algo más, ¿no? Tengo la impresión de que Martín ha sido muy paciente.
AMALIA: Bueno, él se enfada porque ya no tengo tanto tiempo para él. Antes no parábamos, pero nos hemos encontrado con otro obstáculo: mi yerno tuvo un accidente en el trabajo, cuando mi nieta cumplía un mes de nacida. Estuvo meses en coma, y ahora se mueve con dificultad. Como comprenderás tengo que ayudar a mi hija con todo eso, y, como vive en Vilanova, no me puedo venir a Barcelona.
MARTÍN: Pero ya la he convencido. Me voy a Vilanova, con ella, para que pueda seguir atendiéndoles. Yo se lo he dicho muchas veces, que no la voy a querer más de lo que la quiero ahora cuando vivamos juntos. Pero me paso el día solo. Además, hasta su hija lo comenta, que me tendría que ir allí.
AMALIA: Bueno, no te quejes más, que ya está hecho.
JULIA: ¿Soléis comentar cómo os conocisteis?
MARTÍN: A mí no me importa, pero ella es muy reservada.
AMALIA: Él no tiene secretos para nadie, pero a mí no me gusta explicarle mi vida a todo el mundo.
IÑAKI: Pues ahora se la has explicado a la audiencia.
AMALIA: Porque ha insistido mucho y, mira, estoy muy agradecida a la agencia. Creo que estoy haciendo un bien a la gente que quiere combatir su soledad.
MARIO: Nosotros tampoco lo explicamos. Creo que lo importante es que estamos juntos, que tenemos un niño encantador y travieso. Eso es más importante que el modo en que nos conocimos.
IÑAKI: Julia, anímate. ¿Nos apuntamos?
JULIA: ¿Te imaginas que consideraran conveniente enviarme tu ficha?
MARIO: Me contaron un caso curioso. Por lo visto le hablaron a una chica de un hombre que consideraban ideal para ella: un alto ejecutivo, culto, atractivo... Y ella lo rechazó radicalmente: se trataba de su ex.
IÑAKI: Bueno, imagino que al igual que algunas personas cometen un error al casarse, habrá otras que lo hayan cometido al divorciarse.
JULIA: Quién sabe. Puedes preguntárselo a nuestros invitados de mañana. Alguno llegó al divorcio por sucederle aquello que cantaba Machín: por querer a dos personas a la vez.
(Suena el tema de Antonio Machín «Corazón loco»)

JULIA: ¿Creéis que es posible amar a dos personas a la vez, y no estar loco?
MARIO: No.
AMALIA: A mí me parece que no.
MARTÍN: A algún bandarra le pasará.
JULIA: Mañana descubriremos qué nos cuentan algunos afectados por esa especie de locura, y contaremos también con la presencia de sexólogos que, como expertos en la materia, resolverán más de una duda.
IÑAKI: Yo tengo entendido que uno puede estar enamorado de dos y hasta de más personas a la vez.
JULIA: Tú siempre entiendes lo que te conviene. Anda, despide el programa.
IÑAKI: Gracias a nuestros invitados por explicarnos sus experiencias en una agencia matrimonial. Amalia, esperamos que todos los problemas familiares se resuelvan y que podáis vivir juntos y felices.
AMALIA: Muchas gracias.
IÑAKI: Y a ustedes, señores y señoras oyentes, les invitamos a compartir su tiempo con nosotros mañana, como siempre a la una del mediodía. Ya saben, en Ellos y ellas.
JULIA: Un beso y hasta mañana.

(Suena la sintonía del programa)


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