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Mostrando entradas de octubre, 2016

Háblame sucio (II parte)

Hace unos días compartía en el blog el artículo publicado en la revista Sexologies sobre la práctica del dirty talk (aquí). En esta nueva entrada rescato una parte que complementa el artículo con algunas sugerencias para quienes deseen probar este juego erótico: el hablar sucio.

La ira: ¿para qué sirve?

LA IRA: ¿PARA QUÉ SIRVE? «Para envejecer prematuramente y dar de comer a los cirujanos plásticos», responde la psicóloga María José Zoilo.
Mal genio, mal humor, mal carácter. Hay gente que ha integrado la ira en su vida con la excusa de que es algo humano. Alterarse alguna vez o perder los nervios ante una situación determinada es natural, pero no puede servir como justificación para relacionarse con los demás de manera hostil, enfadarse constante e intensamente, ofenderse por cualquier cosa y pagarlo con descargas de agresividad en altas dosis.
Del iracundo se suele comentar que tiene mal carácter, o que tiene “un pronto”. Los que gustan de eufemismos prefieren decir que se trata de alguien “un tanto especial”, y no faltan individuos que los admiran y elogian: «Es que tiene mucha personalidad». Pero la realidad es que suelen ser bastante intratables.
Además de perjudicar nuestras relaciones afectivas, la ira puede provocar úlceras, enfermedades cardíacas, insomnio, cansancio, urticar…

Háblame sucio... amor mío

Gemidos, susurros, gritos… es la acústica de la pasión, la expresión musical de la excitación, indicadora de cuánto se desea al otro y de lo satisfactorio del encuentro. Los más atrevidos recurren a frases picantes, palabras obscenas y, si gusta, a los insultos. Todo vale cuando los implicados están de acuerdo en los ingredientes que van a utilizar para intensificar el placer. Es lo que se llama Dirty Talk, en español: “Hablar sucio”.