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De solteros a 'singles'


Se llaman singles, impares o singulares, porque su soltería poco tiene que ver con la que se vivía en la época de sus padres. La evolución social les ha convertido en una especie en auge. Sobre ellos (y especialmente ellas) escribí LA AVENTURA DE SER UNA SINGLE y este artículo para la revista Premium.
artículo sobre los nuevos solteros y solteras, ahora conocidos como singles

Son personas sin pareja, y ahora se hacen llamar 'singles'

La palabra ‘soltero’ ya no sirve para definir un fenómeno social que ni siquiera se reduce a un estado civil. Además, las connotaciones negativas que arrastra el término propicia cierto rechazo a designar así a unas personas que se mantienen sin pareja por elección y no por resignación, que en lugar de despertar la compasión de los demás, llegan a ser envidiados. De ahí que se recurra a un vocablo anglosajón —single—, libre de estigmas, y que engloba a solteros, separados, divorciados y viudos. 

Sin duda, los anteriores años de auge económico colaboraron a nutrir a Europa de un grupo de solteros que alcanzaron la madurez con ganas de gastar su dinero en viajes, actividades de ocio y darse algún que otro capricho. No es de extrañar que las empresas se lanzasen a la tarea de crear nuevas estrategias de marketing dirigidas a este colectivo. El primer Salón del Single, celebrado en Barcelona en el 2005, confirmó el boom de este mercado, y lo ha seguido haciendo en ediciones posteriores.

En este lavado de imagen de los que viven solos han colaborado los medios de comunicación, la publicidad, el cine y series que los convierten en protagonistas glamourosos, como Ally MacBeal, House, Californication, Friends y Sexo en Nueva York, con sus sofisticadas treintañeras. 

Pero, pongamos los pies en la tierra: no todos los singles disponen de dinero suficiente para gastárselo en lujos, a algunos apenas les llega para pagar la hipoteca, sobre todo si han de pasar la pensión por los niños. Y gran parte de nuestra sociedad aún castiga a quienes arremeten contra ese pilar que la ha sostenido durante siglos: la familia nuclear. Les acusa de hedonistas y limita sus privilegios para priorizar los de los casados. Al menos, así lo siente Enriqueta, divorciada con un hijo adulto, que trabaja en unos grandes almacenes: «En cuanto llega la posibilidad de disfrutar de un puente, mis compañeras casadas se creen con más derecho que yo, con el argumento de que tienen que compartir su tiempo con los hijos y el marido. ¿Cómo consigo coincidir unos días con mis amigos? También es importante para mi bienestar».

Deseando amar

Aunque todavía quedan muchas mujeres que se sienten incompletas si no tienen pareja o no son madres, el miedo al compromiso del que siempre se acusa al sector masculino ha dejado de ser cosa de hombres. A sus 24 años, Alba asegura que sus amigos varones, que rozan los treinta, «se ven temerosos de que se les pase el arroz».

Con independencia del género, el 79% de los solteros buscan pareja, según un estudio sociológico de Parship.es, como también lo hacen los protagonistas de las afamadas series, y sólo un 5% de singles se declara bastante feliz. Por ello están en auge los portales de relaciones de Internet, los bares de citas rápidas, e, incluso, las agencias matrimoniales. 

El caso es que, cuando se lanzan a la tarea de encontrar compañía, ellas ponen todo tipo de pegas. María del Carme Banús y Montserrat Ribot exponen en su obra De single a LP, que el miedo al compromiso engloba otros tipos de miedo: a perder la libertad, a ser controlado, a asumir ciertas responsabilidades, a ser herido o abandonado...

«El vivir solas sin descartar las relaciones de pareja es una de las fórmulas más reivindicadas por las mujeres jóvenes activas como garantía de su independencia», deducen Inés Alberdi, Pilar Escario y Natalia Matas en su estudio sobre Las mujeres jóvenes en España. Y las de más edad con experiencias matrimoniales siguen esta tendencia. «Ya he vivido dos relaciones en las que ella ha roto en cuanto pido un poco más de compromiso», explica Josep, divorciado de 55 años, quien se ha encontrado con mujeres que prefieren la fórmula de pareja living apart together (LAT): una relación estable en la que cada uno mantiene su casa e independencia económica. Algunas parejas escogen esta opción por trabajar en ciudades diferentes y ante la imposibilidad de trasladarse.

Ilustración de Cristina Blanch

¡La soledad era esto!

Bien, los que están en esta situación pueden encontrar muchas ventajas: tienen pareja, familia y se ahorran los roces que provoca la convivencia, pero los auténticos singles, los que no tienen consorte, ¿qué ventajas encuentran a la soledad?

«Que no me siento sola», responde Mónica, de 48 años. «Me sentía así cuando estaba casada con un hombre que dependía de mí en muchos aspectos, pero con quien no compartía nada, tan solo el techo. Para disfrutar del cine, el teatro o el baile, las actividades que más me gustan, tenía que buscar a mis amigas. Si hacía una escapada de fin de semana o de varios días de vacaciones con ellas, porque viajar con él suponía pasarme las horas escuchando sus quejas, después me encontraba el piso hecho un asco. La comunicación era nula. Ahora que soy single me siento acompañada por la gente que yo busco, no tengo más carga que mi vida y disfruto de mi soledad cuando me apetece, en un hogar sin tensiones».

Mónica contaba con sus amigas antes, incluso, de recobrar la soltería, pero no siempre es así, especialmente en el caso de los varones, que suelen establecer relaciones de mayor dependencia con la pareja, y cuando ésta se rompe se sienten perdidos, desubicados. Para colmo, casi todas sus amistades las componían otras parejas amigas que tienen que tomar partido por alguno de los ex. Además, pronto descubren que, para sentirse a gusto, necesitan relacionarse con otras personas en su misma situación, que vivan su vida en singular. «Sentía que esos amigos me estaban haciendo un favor cuando me llamaban para cenar en su casa», cuenta Jorge, un especialista en geriatría, de 42 años. «Yo no soy la clase de hombre que se sienta solo en la barra de un bar o de una discoteca y le entra a una mujer. Ni siquiera es un tipo de ambiente que me vaya. Necesitaba encontrar a personas de mi edad y con aficiones parecidas a las mías». Para cubrir esa necesidad surgen clubes, agencias de relaciones, portales de Internet y se crean nuevas fórmulas de contacto que pueden utilizar las personas sin pareja para programar su tiempo libre: fiestas, cenas, talleres de cocina, clases de baile, cursos, conferencias, visitas guiadas a la ciudad o exposiciones, gimnasios... 

El turista single

Las mujeres son más abiertas que los hombres para relacionarse con su entorno, ellos son más dados a quedarse en el sofá de casa, ante la tele, bebiendo cerveza. Pero ambos sexos se encuentran con problemas para disfrutar de las vacaciones, bien porque se sienten descolgados, sin amigos con los que coincidan en fechas para realizar un viaje o porque no soportan la idea de recorrer Italia con la hermana, el cuñado y sus criaturas. 

Así, las agencias de viajes ofrecen servicios específicos para los singles, como la posibilidad de incorporarse a un grupo formado por personas como ellos, de edad semejante, con las mismas inquietudes y concepto del viaje, con precios más económicos para habitaciones individuales, hoteles en los que solo se alojan viajeros sin pareja, o bien organizan cruceros exclusivos para los impares con un programa de animación específico para que puedan contactar hasta los más tímidos y, quizá, regresen menos single de lo que embarcaron. 

Como no se sienten en la obligación de hacer coincidir esos días con las vacaciones de una pareja o de los hijos en edad escolar, acostumbran a viajar fuera de temporada, lo que eleva la oferta de viajes disponibles. 

Afrontar la crisis

De ellos se ha dicho, también, que son «consumidores compulsivos y caprichosos», probablemente porque así los ven los grandes defensores de la familia tradicional. Sin embargo, para Laura Racioppi, directora del Salonsingles, que se celebra en Barcelona, «esta es una visión injusta. Los singles padecen la crisis igual que los demás. En según qué casos no tienen cargas familiares y los hay que se mantienen así por vocación, que son personas más sibaritas y gastan más en sí mismos. Pero los que tienen poder adquisitivo para permitírselo son un pequeño porcentaje, al igual que sucede en otros colectivos». 

¿Cómo se afronta la crisis desde la posición single? El desempleo y la precariedad trae consigo una pérdida de autoestima, falta de seguridad en uno mismo, sentimientos de inferioridad y otros trastornos que pueden intensificarse en aquellas personas que han convertido el trabajo en el elemento nuclear de su vida, en torno al cual todo gira. El temor a quedar aislado de un contexto social puede ser más intenso en el single. Por ello, incluso sin que exista amenaza de marginalidad, es importante fortalecer otros pilares de apoyo emocional que palien los efectos nocivos de las contrariedades laborales. Si para un hombre casado y con hijos la jubilación representa un cambio de difícil adaptación, ¿qué le pasará al que se encuentre con la soledad? Por ello, como indica Racioppi, «aún en estos momentos de crisis, los singles sienten el ansia de la búsqueda de compañía y de empresas que les ofrezcan maneras de disfrutar de su tiempo de ocio y del contacto de otras personas». Un tipo de consumidor con demandas específicas que miran el futuro con optimismo, a menudo con la esperanza de encontrar pareja.

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Comentarios

  1. Me gustó mucho el post porque describes a los solteros de la mejor de las formas, muy bien explicado y redactado Sonsoles, enhorabuena

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  2. ¡Gracias por tus palabras! Me alegro de que te haya gustado.

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